Exposición Individualjul 1994 - sept 1994· Por Erena Hernández

Ernesto Peña Pou

Centro de Desarrollo de las Artes Visuales

En una ocasión Hemingway dijo en una entrevista que él colocaba punto final al párrafo que escribía cuando estaba seguro de que tenía “jugo” suficiente para seguir al otro día bregando con la cuesta arriba de la página en Guillermo blanco. Algo semejante ha sido la experiencia de Ernesto Peña Pou con sus últimas esculturas exhibidas en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales.

Las piezas trabajadas en mármol le centro de las confirmaron que está rebosante de ese Artes Visuales- jugo necesario para proseguir. Y ese material que siempre le ha atraído, pues siempre ha vivido rodeado de él en su natal Isla de la Juventud, es precisamente la vía posible ahora para experimentar en pos de metas que le dan vueltas en la cabeza pero de las que no quiere aún hablar.

El mármol es para él un imán, precisamente porque no es fácil dominarlo, y por la especie de aura que le ha rodeado a través de toda la historia del arte.

No obstante, en ésta, su cuarta exposición personal, titulada Isla famosa,

Peña Pou echó mano a la madera con igual ímpetu, y al plomo, al yeso, al cemento, al siphorex, al plástico y al metal... Una elocuente manera de ilustrar su posición de escultor respecto al material a utilizar. Para él sólo basta que éste se avenga lo mejor posible al concepto que requiere expresar. No le importa si se trata del humilde plástico o de la “aristocrática” piedra coloreada en que comúnmente se exculpen los monumentos a personajes famosos.

Sin embargo, precisamente las obras en mármol resultaron las más eficaces en la propuesta del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales.

Y esto no creo que haya sido fortuito, porque la idea del conjunto de cierta manera deconstruía símbolos de la nación cubana (la palma, el escudo, la bandera, el machete...), elementos emblemáticos asociados a una discursividad oficial, que fueron manipulados por el artista de acuerdo con múltiples referentes contextúales, cargándolos así de un nuevo sentido. Para tales fines, la solemnidad del mármol se avenía mejor a subrayar la intención desacralizadora del autor con su tema. Sobre todo, en piezas al estilo de Conmemorativa, Homenajeoficial y Regalo de mamá, pensadas en la tradición de la monumentaria soviética, con su dosis de frialdad y grandilocuencia.

Por otro lado, el recurso de la ironía, el humor y por momentos de la burla, lograba un distanciamiento que permitía al espectador acercarse con una mirada nueva a aspectos trillados en la retórica.

Así ocurrió con obras del corte de Familia cubana, Dos tareas básicas y Amanecer en el palmar. Esta última, un recuento de la historia económica de la isla famosa; las otras, la una, encaminada por el consignismo en identificación a un tipo de dogma; la otra, centrada en la ornamentación del hogar cubano, donde los sentimientos patrióticos y los patrones de valor estético-artísticos del dueño de casa generalmente se amalgaman y conforman una suerte de iconografía kitsch en que el animalito de yeso, el jarrón de flores plásticas y la medalla del héroe intemacionalista se reverencian a un mismo nivel de emotividad y devoción. En estos trabajos, el yeso, el plástico y la profusión de color jugaron su rol para poder permitirle solucionar adecuadamente sus ideas.

Aquí estuvo el lado flaco de lo mostrado, su exagerada literalidad por momentos. Sin ser demasiado suspicaz cualquiera se percataba de lo sugerido, al margen del pretendido camuflaje y del uso de subterfugios y alegorías en el discurso.

Peña Pou se reveló como un artista de talento, aunque aún en etapa formativa. Es, sin dudas, una individualidad fuerte que lucha por imponer su visión de las cosas. Muy inmerso en lo que le rodea, que observa con la minuciosidad y concentración de un buen relojero. La escultura le permite reflejar su mirada crítica al entorno, mediante imágenes que construye en tres dimensiones con inteligencia y sensibilidad. Por tanto, su arte, como el de muchos en Cuba hoy en día, es en cierta forma terapia y catarsis.

Y, al igual que la mayoría, acude a la excelencia formal, al buen oficio, al virtuosismo técnico, al atractivo del color, etc., elementos que funcionan a la manera de un caballo de troya escamoteador de agresiones cuestionadoras...

ERENA HERNÁNDEZ

Ernesto Peña Pou, por Erena Hernández | artnexus