La publicación hace parte de una serie que ha venido realizando desde hace algunos años Seguros Bolívar sobre artistas colombianos y este libro en particular mejora algunos aspectos que los convertían en una colcha de retazos. Anteriormente, los escritos iban por un lado y sus autores parecían más interesados en montar su propio espectáculo de palabras que en el tema; luego se recopilaban una serie de fotografías de la obra del artista, que al final era un convidado de piedra.
En ésta publicación, el formato del libro, la carátula, las guardas, la falsa portada, la diagramación interior y los textos, están pensados con cuidado y rodean al artista de tal manera, que el lector se aproxima a una visión de él más integral. José Hernán Aguilar hace un estudio crítico y José Hernández, sin abandonar su vocación de periodista, con un gran interés y curiosidad por dar cuenta de una persona tan compleja como Carlos Rojas, escribe su historia y describe su mundo en párrafos cortos, precisos, que logran dibujar como a través de una persiana abierta, el pensamiento del artista.
Pero la publicación tiene graves problemas. Bajo el título Obras, con mayúscula, se organizan las pinturas, dibujos y collages por títulos: Estudios y lecciones, Cubismos y pop, Pueblos, América oro, New York oro y Umbrales, pero no hay ninguna fecha, ni referencia a la técnica y las dimensiones de los cuadros, que es absolutamente fundamental para saber de que tipo de obra se trata. Además, se dejan de lado las obras en el piso y las esculturas.
Si no se tienen en cuenta estos datos elementales, mucho menos se puede esperar que exista una cronología comparada o algún estudio adicional que localice al autor en un contexto, es decir, que describa el tejido de relaciones o de transgresiones con otros artistas colombianos o latinoamericanos, el estudio y no sólo la referencia a la época en la cual el artista ha vivido, y de los lenguajes plásticos en los cuales ha estado inmerso, que permita entender de manera más completa, el universo mental de Carlos Rojas.
Sigo pensando que en Colombia una entidad que realiza publicaciones sobre arte, toma una decisión muy importante, ya que en el país hay una absoluta desinformación sobre el tema y por esto mismo se deberían tener en cuenta muchas variables: el artista, los clientes del editor, los escritos conmovedores y poéticos, si es lo que se quiere y hasta la mesa que el libro va a decorar. Pero también es urgente pensar que, aunque sea una edición limitada, un ejemplar, tan sólo uno, va a llegar a una biblioteca y el lector desprevenido merece recibir una información lo más completa posible, para que pueda establecer sus propios y verdaderos puentes.
NATALIA GUTIÉRREZ
