En la Vil Feria Internacional del Libro de Bogotá, Argentina participó como país invitado de honor. En el marco de los eventos paralelos que se realizaron en diversos espacios de la ciudad, el Museo Nacional abrió sus puertas a una muestra del pintor Carlos Alonso.
Alonso nació en la provincia argentina de Mendoza en 1929, estudiando en la Academia Nacional de Bellas Artes de su ciudad natal. Desde comienzos de la década del cincuenta se estableció en Buenos Aires, ciudad en la que vivió hasta 1976 cuando, a causa de la situación política existente en su país, tomó el camino del exilio europeo. En 1981 retornó para radicarse en la región de la sierra cordobesa. Este itinerario estuvo signado por angustias personales muy profundas que lo llevaron a ahondar en la temática que ha caracterizado su trabajo: el hombre y su deshumanización.
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Excelente dibujante desde sus tempranos trabajos, fue considerado a comienzos de los sesenta por el crítico Aldo Pellegrini como participante en la vertiente que él llamó “realismo social”, refiriéndose con esta denominación a aquellos artistas que hacían un arte comprometido, no panfletario. Precisamente en esta etapa Alonso se abría a una figuración de tipo expresionista, cercana a la variante de la “nueva figuración”, que tanto peso tuvo en Argentina. Y desde esos trabajos la actitud de reflexión en torno a la violencia fue constante. A veces, esta violencia es mostrada como la caótica relación del hombre con su entorno, con el amor, con la muerte y también con sus fantasmas, con sus pesadillas. Es la actitud de alguien que no duda en meterse en los vericuetos de la condición humana, por más dura que ella sea.
Los acrílicos y óleos que reunió la muestra del Museo Nacional, se ubican entre 1980 y 1944. En las pinturas de los ochenta retoma la figura con un carácter menos expresionista, recuperándola para transmitir con ellas el horror de la violencia política cotidiana que Argentina vivió en la década anterior, de la que fue víctima su propia hija.
En sus obras más recientes sigue utilizando esa capacidad demostrada a lo largo de todo su trabajo: relacionar un universo simbólico por él inventado con lo que sucede en la historia real. Y la metáfora no nos evade de la realidad, por el contrario nos enfrenta -queramos verla o no- con ella.
No es casual que de su admiración por Van Gogh rescate su temperamento y su forma heroica de asumir la pintura. (Catálogo Carlos Alonso. Museo Nacional de Colombia, Bogotá. 1994).
IVONNE PINI
