Un material como el acero enrollándose o tal vez desenrollándose en el piso junto a nosotros a escala humana, resulta sensual, pero aún más inquietante cuando en el fondo es un teorema; es decir, el intento por demostrar, mediante el razonamiento lógico y a partir de los datos sensibles, un enunciado. En la exposición de Bernar Venet, el enunciado se encuentra en el título de las obras, que él llama líneas indeterminadas.
¿Qué significa esto? Pues en realidad los que saben de geometría dicen que una línea está determinada cuando se define por dos puntos o por un punto y una dirección; Venet construye líneas indeterminadas, es decir que aparentemente no tienen un punto de origen ni una dirección. La idea, entonces, es la construcción misma, que le huye a la soldadura porque no son pedazos de rectaunidos, sino que se forma con los movimientos del cuerpo del artista logrando que el acero se tuerza. Esta línea se convierte en un trazo continuo, irrepetible, individual, que juega con la gravedad, con el muro y el piso, colocando a prueba las leyes geométricas de la determinación. Una espiral, por ejemplo, es una línea determinada y puede ser construida mediante una ecuación, Venet en este caso, desobedece las ecuaciones con sus movimientos sobre el material y convierte la línea en indeterminada. Es precisamente esta reflexión lo que le da vida a sus esculturas: quieren ser exactas como espirales o círculos y no lo son; pero también podrían ser al contrario: líneas sin forma, tratando de buscar una norma que las determine. Es decir, las obras de Venet están en metamorfosis permanente.
La reflexión acerca de una ley estructural muy elemental para llegar a verdades fundamentales, está en relación con toda una experiencia acumulada con las ideas minimalistas y conceptuales de un artista nacido en Francia en 1941, desconocido por la mayoría en nuestro país y que por esta razón merece que en pocas palabras se resuma la entrevista del catálogo impreso para la exposición por las galerías Ressle y Tovar & Tovar.
Ya en 1961 a los 22 años empieza a plantearse preguntas acerca de la superficie y el material; se interesa por el asfalto, su densidad y transformación, a la manera del japonés Gutái Shiraga, quien en 1955 había hecho un performance moviéndose en una pila de arcilla, convirtiendo los movimientos de la greda en la obra misma. Venet cuenta que derramaba el asfalto sobre el lienzo colocado en el piso; lo extendía uniformemente con ayuda de un rastrillo por toda la superficie y luego lo levantaba en posición vertical, colocándolo varias veces sobre cada uno de sus ladoshasta cuando el asfalto comenzaba a endurecerse; aparecían entonces las marcas de los chorreados irregulares. Con estas obras comienza a respetar la especificidad de un líquido pesado y su comportamiento con respecto a la ley de la gravedad.
En 1963 la pilas de grava y asfalto colocadas al lado de las carreteras, listas para ser utilizadas como materiales para la construcción, le interesan y empieza su trabajo con montones de carbón colocados en el suelo, sin forma específica, como un hecho físico evidente de la ley de la gravedad. Toma fotografías, un homenaje a esa materia negra sin ningún tipo de asociaciones, que lo acercan, negando casi todo, a problemas elementales. En el mismo año realiza también sus “collages negros”, utilizando periódicos rasgados o cajas de cartón dobladas sobre un bastidor, pintadas con varias capas de laca. Más tarde, realiza las esculturas con tubos industriales y las representaciones sobre acrílico y papel de meditaciones espaciales con ángulos, parábolas, funciones y combinaciones aleatorias de puntos y líneas indeterminadas.
A partir de 1979 trabaja con acero enrollado, construye arcos y algunas líneas indeterminadas en madera, realizando las primeras en acero en 1984, apoyadas en la pared. Estas esculturas tienen además de su sensualidad y rigor anotados anteriormente, una interesante investigación sobre el azar, una palabra llevada y traída en la historia del arte pero que el artista define claramente: “es cuando el cómo define el qué”; es decir, el azar se involucra cuando el método empleado configura la obra. Ad Reinhardt dice en una de sus famosas frases que la única cosa que se puede decir del arte es que es una cosa; si esto es cierto, la proposición de Venet sería entonces no sólo unameditación, sino la concreción del azar. Pero un azar que no se cae, que no se fragmenta, que no se desbarata a pesar de ser mutante y abierto al espacio y al espectador.
NATALIA GUTIÉRREZ
