Traducción: Magdalena Holguin
Nacida en 1929 en el suburbio de Juanelo de La Habana, Antonia Eiriz se graduó de la Academia de San Alejandro en esta misma ciudad en 1958 y surgió pronto como una figura nueva e importante en un momento crucial de la historia artística y política de Cuba. Desde el punto de vista artístico, la década de 1950 presenció el surgimiento de una tercera generación de modernistas sucesores de figuras pioneras tales como Amelia Peláez, Wifredo Lam y René Portocarrero. Muchos de los jóvenes pintores y escultores de este período, siguiendo las tendencias prevalecientes en Nueva York y en Europa, se volvieron hacia la abstracción. A comienzos de la década de 1960, el "arte revolucionario" se impuso por sobre la abstracción y otros estilos. Los innovadores afiches propagandísticos, las escenas de las heroicas milicias campesinas de Servando Cabrera Moreno y los Che Guevaras inspirados en el Arte Pop de Raúl Martínez se convirtieron en la marca intemacionalmente reconocida del arte cubano.
Algunos artistas intentaron hallar un equilibrio entre el arte "clásico" cubano, la abstracción y el arte "comprometido." Antonia Eiriz es el ejemplo más destacado de este tipo de artista. Eiriz estaba vinculada con los artistas abstractos y simpatizaba con sus objetivos. En el fondo de su corazón, afirma, prefiere la abstracción. Sus dibujos y pinturas lo muestran constantemente, pues evita los detalles precisos en favor de pinceladas sueltas y un efecto general de forma y color. Si bien la figura siempre está presente, se encuentra definida por referencias dispersas a rasgos identificares. A este respecto se asemeja a De Kooning y a Dubuffet, dos artistas por los que profesa gran admiración. En lo que concierne a las declaraciones políticas, éstas aparecen a un nivel universal. Eiriz ha tomado siempre como temas la capacidad del hombre para la crueldad y la arrogancia del poder; pero a semejanza de Goya, con quien acertadamente se la ha comparado, Eiriz se detiene en el aspecto humanista de las cosas más allá de todo comentario literal. La angustia, la tristeza, la paranoia y la soledad son los elementos que interpreta en sus imágenes expresionistas. Aunque lo anterior pueda reflejar la experiencia del artista del tiempo y del espacio, también la trasciende.
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La obra más conocida de Eiriz, La anunciación, con su aparición de rostro de calavera y la atemorizada costurera, alude al terror que produce la visita inesperada de un espíritu maligno. Pero la emoción primaria en este caso es aquella que experimenta cualquier persona confrontada a un ataque de angustia, un secuestro, un asalto criminal o un golpe en la puerta a la medianoche en un gobierno represivo. Podría decirse que las pinturas de Eiriz y los trabajos en blanco y negro sobre papel de los últimos treinta años son variaciones sobre La anunciación y otras obras de los años sesenta. Esto resulta evidente en la exposición delienzospintadosenMiami en 1993, presentados en la galería Weiss- Sori de dicha ciudad en diciembre pasado.
Crucifixión muestra a tres homúnculos que danzan en las llamas de un infierno abstracto. En Naturaleza muerta encontramos una apagada multitud de espectadores fantasmales en duelo en tomo a un cadáver cubierto. Entre líneas pinta a una persona agonizando contra el trasfondo de un muro dorado, de rica textura: sobre él, rostros de ojos vacíos gritan como si contemplaran una corri- dade toros. En Paisaje interior una enorme criatura con la boca abierta intimida a cuatro formas abatidas y desprovistas de rostros. Esta escena se repite en Esta gente que, con su esquema cromático rojo, blanco y azul, tan distante de los colores oscuros que habitualmente utiliza la artista, parece sugerir la bandera cubana. En otras pinturas, Eiriz despliega ordenadas hileras o pilas de cabezas decapitadas que recuerdan a los Tzompantlis del México precolombino.
En la actualidad, Antonia Eiriz vive y trabaja en el hogar de su sobrina Susana Barciela en Miami. El hecho de que utilice una silla de ruedas no le impide crear lienzos a escala monumental. Modesta, de sonrisa críptica análoga a la de la esfinge, habla poco y prefiere dejar que el espectador llegue a sus propias conclusiones acerca del significado de su arte. La entrevista que aparece a continuación tuvo lugar en febrero. En ella suministra visiones sibilinas que revelan algo de su desarrollo como artista. Eiriz es admirada en su país de origen y en el exterior por su honestidad intelectual y moral, por su influencia en estudiantes como Tomás Sánchez y Ever Fonseca y por su contribución a la educación y apreciación del arte a nivel popular. Ciframos ahora grandes esperanzas en una nueva fase productiva de su carrera.
La angustia, la tristeza, la paranoia y la soledad son los elementos que interpreta en sus imágenes expresionistas.
Aunque lo anterior pueda reflejar la experiencia del artista del tiempo y del espacio, también la trasciende. Blanc: ¿Cuál era el
ambiente artístico de La Habana de los años cincuenta? ¿Con la llegada del
Grupo de los Once y la pintura abstracta no fue esa una época de transición?(1) A. Eiriz: Los años cincuenta fueron para mí los momentos de mayor
cubanía en todo sentido: la ropa, la música, el arte, etc. Los Once querían que
se ampliara más la visión artística, no sólo pintar "lo cubano". Se
reunían en casa de Raúl Martínez. Pintores y escultores como Tomás Oliva, Guido
Llinas, Antonio Vidal y Hugo Consuegra. La única vez que estuve en casa de
Portocarrero fue cuando fuimos a verlo porque él estaba molesto con ellos. Le
explicaron que no estaban en contra de él, pero también le enfatizaron que como
jóvenes debían aportar cosas nuevas. Yo compartía las ideas de los Once, pero
nunca formé parte del grupo.
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Blanc: ¿Cuáles son los pioneros del modernismo cubano que más le interesan?
A. Eiriz: Me interesan todos: Amelia Peláez, Milián y Portocarrero... Para mí Acosta León es un pintor extraordinario, de talla universal. Y los paisajes de Víctor Manuel. Qué útil hubiera sido para mí si los hubiera visto cuando estaba en la academia. Hace una abstracción del paisaje cubano como la hizo Cézanne con el paisaje francés. Fue un gran pintor.
Blanc: ¿Y los europeos y norteamericanos?
A. Eiriz: Se ha hablado de la influencia de Goya. Sin embargo en ese entonces yo no conocía bien a Goya. Quizá me influyó por las raíces españolas que tengo. Por otro lado, me catalogan dentro del expresionismo, pero siempre quise ser una pintora abstracta. Me encantan De Kooning,
Kline, Tápies, Miró y Dubuffet.
Cézanne fue el que me salvó para los paisajes en la academia. Elimina lo superficial en la pintura. Orson Welles hablando del cine dijo que lo importante de un director no es lo que tiene que poner, sino lo que tiene que cortar. Eso es válido para el pintor también.
Yo admiraba mucho los pintores abstractos, pero al pintar me salían cabecitas y muñecones a mi pesar. También el Grupo CoBra(2) hubiera querido pintar con esos colores brillantes.
Blanc: ¿Y Francis Bacon?
A. Eiriz: Me gusta mucho su pintura.
Blanc:¿Cómo empezó a pintar?
A. Eiriz: Nunca me he creído pintora. Me cuesta muchísimo trabajo pintar. Quería ser diseñadora de moda. Mis hermanas pagaron para que fuera a una escuela de dibujo comercial. Mi hermana Mercedes, que estaba en Nueva York, me dijo que debía entrar en San Alejandro. Recibí una beca de 29 pesos al mes, una supuesta beca. No había ni para materiales. Los artistas de vanguardia pensaban que graduarse de San Alejandro era como un estigma, que los pintores de San Alejandro eran mediocres. Pero más tarde supe que Amelia se había graduado de ahí.
Blanc: La anunciación (1963) es un icono de la pintura cubana. La figura de la mujer cosiendo sorprendida por un ángel exterminador es alucinante, imposible de olvidar. ¿Cómo llegó a pintar ese cuadro?
A. Eiriz: Guido Llinas era para mí muy importante, como un maestro. Me decía: Ud. tiene que pintar, es una pintora. Un día me habló de una pintora mexicana que había hecho una anunciación moderna. Un ángel negro. Se me ocurrió que iba a pintar uno también. Miré otras anunciaciones,* de Fra Angélico, de Leonardo. Me sirvió el Giotto para el color, los azules, las texturas y los angelitos llorando. Quise hacer una anunciación moderna. La figura de la mujer no es una figura clásica, es una figura popular.
Blanc: ¿Y la máquina de coser?
A.Eiriz: Quizá sea porque yo bordaba ropa de niños. Un pintor chileno, viendo el cuadro en el Museo Nacional en La Habana, me dijo que era un retrato de mi madre pero no lo hice pensando en ella y realmente se parece.
Blanc: ¿Por qué después de 1968 se retiró del mundo artístico en cuanto a exposiciones personales y colectivas?
A.Eiriz: Cuando me hicieron esos comentarios de que mi pintura era "conflictiva" llegué a creerlo.
La tribuna, por ejemplo, se iba a premiar y no se premió a raíz de las críticas. Un día vi todos los cuadros juntos por primera vez en mucho tiempo. Me dije a mi misma: Esta es una pintura que expresa el momento en que vivo. Si un pintor puede expresar el momento en que vive, es genuino. Así que me absolví.
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Blanc: Hablemos de su interés en la artesanía.
A. Eiriz: El pintor también es un artesano. De pronto surgió el papier maché. Yo no me lo propuse pero de pronto me vi envuelta impartiendo clases a los niños y los grupos familiares de mi barrio. Esa enseñanza fue un gran aporte para mí: según iba enseñando iba aprendiendo cómo era la forma más sencilla de hacer un trabajo creativo y descubrí que sólo con la participación se logra el acercamiento popular al trabajo artístico. Continué dando cursos por toda la isla no solamente a grupos familiares sino a instructores de arte. Hoy en día hay un movimiento popular cubano en papier maché.
Blanc: En sus palabras para el catálogo de la exposición de Weiss-Sori, Consuegra la llama una sibila y dice: esta pintura es post-apocalíptica; lo que quedó en el tintero de San Juan el Teólogo: más allá del séptimo sello; la mañana siguiente al Armagedón.
A. Eiriz: Me encantan esas dos palabras " sibila" y " apocalíptica". Yo creo en todo lo que no se ve. Todo tiene una causa, pero no se ve. Uno no ve los agujeros negros, pero parece que existen. Un día mi hijo me hizo la carta astral y salió eso de la pintura. Estoy marcada.
NOTAS
(1) El grupo de los Once fue compuesto originalmente por Francisco Antigua, José Antonio, René Avila, José I. Bermudez, Agustín Cárdenas, Hugo Consuegra, Fayad Jamis, Guido Llinás, Tomás Oliva, Antonio Vidal y Viredo. El grupo expuso por primera vez en La Rampa (La Habana, abril de 1953). Más tarde Raúl Martínez reemplazó a Bermúdez, quien se había ido a los Estados Unidos.
(2) El Grupo CoBrA compuesto por, entre otros, Karel Appel y Pierre Alechinsky, era un grupo de expresiones figurativos europeos fundado a finales de los años cuarenta. El nombre viene de las ciudades Copenhague, Amsterdam y Bruselas en donde vivían estos artistas.
GIULIO V. BLANC
Historiador y crítico de arte. Asesor Editorial en los Estados Unidos de Art Nexus/Arte en Colombia.
