Vanderlei Lopes

Vanderlei Lopes. Catedral, 2009-2011. Bronce y agua de mar. 99 x 100 x 51 cm (38.97 x 39.37 x 20 pulgadas). Fotografía: Everton Ballardin. Cortesía: Vanderlei Lopes y Galeria Marilia Razuk.

Monografíadic 2025 - may 2026· Por Xenia Bergman

Vanderlei Lopes

Cada obra como laberinto

En la obra de Vanderlei Lopes, la palabra forma parte esencial del proceso. Títulos e ideas conservan un sentido etimológico o refuerzan lo ambiguo. Como él mismo plantea: “Deseo que mi obra sea vista como anterior o análoga al surgimiento de la palabra”. Un ejemplo de esa dinámica es la activación de la escultura desde sus pares de oposición.

La masa fue moldeada en barro oscuro, imitando en su textura los muros de tapia y de ladrillo. En su volumetría, recuerda una de las cúpulas más perfectas del Renacimiento: la famosa Santa María del Fiore de Brunelleschi. Ya sea como cita o paráfrasis, Domo de Vanderlei Lopes fue instalada atravesando la nave del Museo Capilla Morumbi de São Paulo en 2017. La instalación estuvo acompañada del texto “12 pasos para la construcción de Domo”, una suerte de texto curatorial escrito por Douglas de Freitas, en forma de enunciados breves, a partir de los apuntes de Lopes. Es recurrente la referencia al arte clásico y renacentista en las obras de este artista brasileño, en un juego continuo de metalenguaje. Parte de esta producción es un híbrido de escultura y arquitectura. Un dibujo ampliado concede a la obra cualidades que, según su descripción, “conforman una línea con gran sentido gráfico y un cierto raciocinio del color” [1]. También es evidente la idea de camuflaje, con la que el artista consigue un juego perceptivo y de energía entrópica para dar una sensación de vértigo o de un gran laberinto a quien recorre la obra.

El título, en latín Domus, cuyo significado se refiere a la habitación o morada divina y que describe metonímicamente la cúpula de una catedral, plantea una relación conflictiva o dubitativa entre lo sacro y lo contemporáneo. Es reflejo de la ductilidad y del reciclaje de las imágenes. La propuesta aquí, según Lopes, es “subvertir nociones clave como obra final y proyecto”, dejando además en suspensión el concepto de ruina, a propósito de la capilla-museo. En suma, el locus Morumbi –el site specific– sería, en palabras del artista, el escenario perfecto de “la inversión de la experiencia expositiva”. Las hojas blancas, en esta ocasión, fueron enriquecidas por el proceso escultórico y tituladas Proyectos (2017). Las presencias, como el fragmento arquitectónico o la escultura travestida en papel de dibujo, coinciden con la sentencia de Robert Morris en su ensayo Notes on Sculpture, publicado en Artforum en 1966: “claramente, la naturaleza y los valores de la escultura se tornan más fuertes mediante pares de oposición”.

Vanderlei Lopes forma parte de una constelación de artistas del círculo paulista de la generación del 2000. Formado en artes por la Universidad del Estado Paulista, su obra se nutre de la modernidad inacabada y del discurso de la tan citada posmodernidad. Un llamamiento al conceptualismo que derivó en el arte contemporáneo. Al acceder a una beca en Italia, al inicio de su carrera, la incorporación de elementos naturales como fuego, agua, aire y tierra –prerrogativas del arte povera–, o incluso el trato de la escultura en bronce, el papel protagónico concedido al dibujo, la cerámica y el performance traducen la estética de lo esencial, la economía de las formas y lo tautológico a sus obras. En otras palabras, su obra se inscribe en el cuerpo ocular y muscular de su época, específicamente dentro de la estética relacional acuñada por Nicolas Bourriaud, donde los elementos simplificados permiten dar más visibilidad al proceso.

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