Hasta el 19 de octubre se pudo visitar la exposición “Pinacoteca Migrante”, de la artista Sandra Gamarra (Lima, 1972), en la Biblioteca Nacional de España, tras su paso por el Pabellón de España en la Bienal de Venecia de 2024. Curada por Agustín Pérez Rubio, esta muestra marca la primera ocasión en que un proyecto presentado en el Pabellón se exhibe también en territorio nacional. Se trata, sin duda, de un hecho que merece celebrarse y que debería sentar un precedente: garantizar la continuidad de las propuestas más allá del contexto internacional, haciéndolas accesibles también en España. No todo el mundo acude a la Bienal de Venecia, y, sin embargo, el interés de muchas de estas propuestas trasciende los meses en que permanecen expuestas en la ciudad italiana. Tal es el caso del trabajo de Gamarra, cuya trayectoria ha sido siempre sobresaliente en su abordaje de la cuestión decolonial. En esta ocasión da un paso más respecto a “Buen Gobierno”, la exposición que presentó en la Sala Alcalá 31 en 2021, también curada por Pérez Rubio.
En esta pinacoteca, Gamarra recrea la disposición canónica del museo clásico, al tiempo que critica el discurso subyacente al origen mismo del proyecto museístico. En su lugar, otorga protagonismo a los migrantes, entendidos desde la noción de subalternidad: sujetos excluidos del canon colonial y patriarcal, tanto humanos como no humanos (plantas, materias primas y otros elementos que, a menudo forzadamente, realizaron el viaje de ida y vuelta). La exposición, organizada en varias salas y un jardín, cuestiona la noción del museo como institución hegemónica occidental, surgida al calor de la Ilustración y la Modernidad, concebida como un dispositivo para clasificar, ordenar y, en consecuencia, dominar el mundo. Es lo que Françoise Vergès señala cuando afirma que “vamos a los museos para que nos eduquen no solo en una historia eurocéntrica del arte, sino en una disciplina de la mirada y del cuerpo”. Partiendo de este planteamiento, y cuestionando la aparente neutralidad del museo (un espacio atravesado, en realidad, por disputas ideológicas, políticas y económicas), Gamarra ha investigado más de ciento cincuenta pinturas y objetos pertenecientes a colecciones y museos españoles, desde la época del Imperio hasta la Ilustración, para evidenciar el sesgo con que tanto los colonizadores como los oprimidos han sido representados.
Las seis salas que articulan la exposición son: “Tierra virgen” (que revisa las pinturas de paisajes españoles y de antiguas colonias en América Latina, Filipinas y el norte de África, en diálogo con los ecocidios actuales); “Gabinete de la extinción” (donde se vincula el colonialismo con el extractivismo, a través de los “tesoros” recolectados en las expediciones botánicas europeas de los siglos XVIII y XIX); “Gabinete del racismo ilustrado” (que aborda el modo en que la antropología y la ciencia fueron utilizadas como herramientas de discriminación racial); “Máscaras mestizas” (centrada en las prácticas coloniales del retrato, que inmortalizan normas políticas y sociales); y “Retablo de la Naturaleza Moribunda” (que relaciona el bodegón con la construcción de la opulencia y el expolio de recursos). En el centro del recorrido se sitúa el “Jardín migrante”, un espacio que simula estar al aire libre, en el que Gamarra dispone de copias pintadas de monumentos, plantas alóctonas e invasoras, así como libros de autoras y autores decoloniales diseminados por el espacio, que invitan a sentarse y leer.
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