Ruby Rumié

Ruby Rumié. La caída – El tiempo (detalle), 2019-2020. Video – instalación en la Galería Alonso Garcés, Bogotá, Colombia, 2024. Dimensiones variables. Fotografía: Ruby Rumié y Roberto Benavente. Cortesía: Ruby Rumié y Nohra Haime Gallery.

Monografíadic 2025 - may 2026· Por Óscar Roldán-Alzate

Ruby Rumié

El arte como gesto crítico en el tejido social contemporáneo

La ciudad de Cartagena de Indias no es simplemente el escenario de su obra, sino también un personaje activo. En sus calles, en sus contrastes entre opulencia y pobreza, entre turismo y marginalidad, Rumié encuentra un laboratorio social. La ciudad se convierte en palimpsesto, donde el arte borra, reescribe y revela capas de memoria. Su trabajo articula lo local y lo universal, lo personal y lo colectivo, en una misma operación poética y política. Cartagena es, para Rumié, un espejo de América Latina: bella y herida, resistente y silenciada, vital y fracturada.

Ruby Rumié, artista cartagenera nacida en 1958, ha sostenido a lo largo de su carrera un compromiso indeclinable con la dimensión social del arte. Su obra no solo representa a los olvidados, sino que también los hace visibles a través de mecanismos de colaboración, intervención y memoria. En una ciudad como Cartagena de Indias, que condensa el esplendor patrimonial y la injusticia estructural, la práctica artística de Rumié se erige en un testimonio y, al mismo tiempo, en una forma de acción y de resistencia.

Desde sus primeras obras, Rumié ha estado interesada en las grietas del tejido social, en las voces acalladas por la historia oficial y por los relatos de la modernidad. Su formación en arquitectura le dio herramientas para pensar el espacio más allá de sus dimensiones físicas, como una construcción simbólica que refleja y reproduce estructuras de poder. En este sentido, su arte ha sido un ejercicio de disección de esas estructuras y, a la vez, una tentativa de imaginar otras formas de habitar el mundo.

Una de sus piezas más recientes, The Fall (La caída) (2022), presentada en el Museo de Arte Moderno de Cartagena y posteriormente en la Galería Alonso Garcés de Bogotá, es quizá una de sus obras más potentes y perturbadoras. Consta de quinientas esculturas de palomas, realizadas en tela, y de un reloj de iglesia reconstruido con una caja de luz. El impacto visual es inmediato: la multiplicación de los cuerpos inertes de las palomas evoca una escena de catástrofe, una lluvia detenida en el tiempo, una suspensión de la esperanza. Esta obra ha generado debate por su crudeza simbólica, pero, sobre todo, por su pertinencia. En palabras de El Tiempo, “las palomas se han convertido en íconos silentes de una sociedad que ha perdido la capacidad de conmoverse”.

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Ruby Rumié, por Óscar Roldán-Alzate | artnexus