En esta exposición, en cuanto la “casa” se entiende como un “laboratorio”, el recorrido expositivo se construye como una visita poética-crítica del espacio doméstico. Es ese ambiente polisémico lo que conecta las más de veinte obras de la artista brasilera Rochelle Costi (1961-2022), seleccionadas entre una parte de su producción de 1998 a 2021 para la exposición “La casa como laboratorio”.
La curaduría de Alexia Tala parte de la mirada particular de la artista –que combina ironía, sentido del humor y delicadeza– para revelar, en los detalles discretos y las actuaciones supuestamente cotidianas, una realidad palpitante, portadora de historias y de fuerza inventiva. Pero, para aproximarse a esas posibilidades, es preciso preguntarse: “¿qué es lo que sucede cuando nada sucede?”, pues una gran parte de la vida, y muchas veces del arte, no surge en los momentos grandiosos, sino en las rendijas de lo común, en los vestigios de la rutina.
Esas ideas, recurrentes a lo largo de la trayectoria de Rochelle Costi, dialogan con el concepto de “infraordinario”, desarrollado por el escritor francés Georges Perec en L’Infra-ordinaire (2011). En tono de casi “manifiesto”, el autor propone un desplazamiento de la mirada para aquello que se repite, que retorna todos los días, pero acostumbra a pasar desapercibido. Reivindica, para eso, la observación atenta y la descripción minuciosa como formas de hacer visible lo que compone el tejido banal de la vida cotidiana. El término “infraordinario” surge justamente de esa inversión: no como el opuesto de lo extraordinario, sino como su contrapunto silencioso, enraizado en el campo de lo común.
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