Esta exposición fue presentada como un compendio de las obras realizadas por Oswaldo Maciá en los últimos quince años. De allí la variedad conceptual y formal de las numerosas obras expuestas, en un corto espacio, todo sea dicho. Pero aun así cabe afirmar que la más sobresaliente es Réquiem para los insectos, porque condensa las preocupaciones ecológicas que dominan la obra de Oswaldo Maciá en dichos años. Su título evoca con fuerza el título de Silent Spring (La primavera silenciosa), libro publicado en 1962 por Rachel Carson, que precipitó la irrupción de una inédita conciencia planetaria. La toma de conciencia, por primera vez en la historia del carácter mortal de la vida en el planeta, considerada hasta ese momento inmortal por su prodigiosa capacidad de sobrevivir a las más devastadoras catástrofes naturales. Incluido el legendario diluvio universal. El fin de la vida en la Tierra no se producirá, sin embargo, por ninguna de tales catástrofes, advirtió Carson, sino por algo que entonces resultaba tan insignificante como deseable: la extinción de los insectos. Esos bichos incontables, que molestan y repugnan a partes iguales, y a los que entonces gaseábamos con total inconsciencia sobre las fatales consecuencias que traería para el género humano su deseada extinción.
Preludio para un Réquiem por los insectos es el homenaje, fúnebre si se quiere, que les rinde un artista que ha comprendido plenamente que si ellos se extinguen nosotros nos extinguiremos con ellos. Es un réquiem musical: una pieza sonora compuesta a partir de la grabación de los sonidos emitidos por la gran variedad de insectos que la fumigación ha eliminado casi completamente de los monocultivos agrícolas, silenciosos desiertos verdes. Sus voces, habría que llamarlas así, se entremezclan con los ruidos producidos por el cristal al romperse. El réquiem lo emitía en esta exposición una escultura sonora formada por cuatro megáfonos de vidrio soplado de color azul de Prusia, suspendidos del techo. El réquiem se inscribe en dos líneas duraderas de trabajo de Maciá. La primera, la composición de piezas musicales a partir de los cantos y las voces de los animales, entre cuyos primeros ejemplos, sobresale la sinfonía que compuso con los cantos de 64 variedades de pájaros, cumpliendo cada una de ellos el papel que cumplen los 64 instrumentos musicales en una orquesta sinfónica. Después de esta obra maestra, Maciá ha compuesto numerosas obras a partir de grabaciones de una gran variedad de pájaros, e incluso de murciélagos. El azul de Prusia de los megáfonos actualiza otra de las líneas constantes de trabajo de este original artista colombiano: la exploración del legado histórico en busca de datos e informaciones olvidadas que cargan de significados adicionales sus obras. El color azul elegido en esta oportunidad es una cita del cianómetro, instrumento ideado por Alexander von Humboldt para medir la intensidad del cielo, que el científico alemán empleó en las expediciones naturalistas que realizó durante el siglo XIX en las islas Canarias y en los virreinatos españoles de América Latina. La cita histórica obedece igualmente al propósito de generar una cromatografía, capaz de expresar en términos de intensidad del color azul las ondas sonoras.
Pero con toda su notable importancia, el Réquiem no es la única obra incluida en esta exposición que sea un elogio, una exaltación si se quiere, de los insectos. Las moscas, tan estigmatizadas, son el tema de Moscas árticas y de Polillas árticas, dos series de monotipos resultado de la estancia del artista en el archipiélago de Svalbard, en Noruega, en la que él descubrió la capacidad de estos insectos para sobrevivir en condiciones climáticas extremas. Y la decisiva contribución de las moscas a la polinización de la raquítica vegetación ártica. Las mariposas estaban representadas por los estudios de simetría de estos coloridos insectos, hechos de cera con infusión de resina, que formaron parte de su impactante instalación Composición olfativo-acústica para viento, polvo y aliento que Maciá presentó en la Bienal de Gwangju de 2024.
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