Entre el 26 de junio y el 5 de noviembre, se realizó en el segundo piso del Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO) la exposición “Infraleve. Memoria y fragilidad en la obra de Óscar Muñoz”. Se trató de una exposición antológica que incluyó obras realizadas entre 1995 y 2005 que reunió alrededor de treinta piezas, entre las cuales se incluyeron obras inéditas. La noción de “lo infraleve” fue desarrollada hace más de un siglo por el artista francés Marcel Duchamp para llamar la atención acerca de la casi inexistente distancia entre lo perceptible y lo imperceptible en relación con los sentidos. ¿Cuándo algo deja de estar caliente para estar tibio? ¿En qué punto algo borroso parece visible? Gran parte de las imágenes de Óscar Muñoz reflexionan acerca de la incapacidad de las imágenes para fijarse en la memoria o acerca de la imposibilidad de las palabras para evadir el olvido. Durante sus dos primeras décadas de trabajo artístico, Óscar Muñoz exploró el dibujo como principal camino para generar imágenes, usando la fotografía como base apenas perceptible. Sin embargo, a mediados de la década de los 90 la línea entre dibujo y fotografía se volvió “infraleve”, y es ahí donde la materialidad de sus obras cambió de dimensión.
En una obra como Aliento, de 1995, que consiste en nueve espejos circulares de acero inoxidable en donde se han impreso fotografías, usando grasa en lugar de tinta, la única manera de ver las imágenes es a través del aliento de los espectadores. Solo al soltar el vaho sobre la superficie de los espejos emerge frágilmente y de manera efímera la imagen de las personas retratadas. Las fotografías provienen de obituarios de personas ya desaparecidas. En la exposición también se incluyen los Narcisos en proceso, de ese mismo año, que surgen de una ralentización del tiempo asociado a la imagen fotográfica y que tienen una referencia directa al dibujo. Se trata de recipientes de vidrio llenos de agua, en donde con la ayuda de una pantalla de seda, como las empleadas en la serigrafía, se ha trasferido una imagen del rostro del artista que es espolvoreado con polvo de carbón, generando una imagen que es a la vez dibujo y fotografía y que va a modificarse a medida que se evapore el agua. Esos resultados finales también los registra en fotografía, dando origen a los Narcisos secos, presentes en la exposición. De igual forma, se incluye el juego de las probabilidades, que también se basa en el autorretrato. El punto de partida del proyecto fueron doce fotografías de documento que le fueron tomadas a lo largo de treinta años, a fin de ser usadas para su carné estudiantil, pasaporte, libreta militar, entre otros, y, así, revisar sus niveles de coincidencia, dado que comparten la misma posición frente a la cámara. Al recortar pequeñas franjas horizontales y verticales y entrecruzarlas en un tejido, se generan nuevos retratos que conservan una estructura continua a pesar de las diferencias morfológicas.
En sus piezas de video es frecuente el uso del agua, que, asociada a palabras o imágenes hechas en carbón, genera su disolución casi instantánea; tal es el caso de Archivo por contacto y El coleccionista. En el caso de la instalación Hombre de arena, a través del método de animación en “stop motion”, el sutil dibujo de la silueta de un hombre emerge del mar e intenta cruzar la arena de la playa, pero, inevitablemente, es borrado por las olas que retornan. Algo similar ocurre en su obra Proyecto para un memorial, que es una videoinstalación que se basa en el registro de autorretratos dibujados con agua sobre el piso caliente, que hacen que permanentemente se evaporen y tengan que dibujarse incesantemente.
Sigue leyendo este artículo
Este artículo es exclusivo para suscriptores de artnexus. Suscríbete para acceder al contenido completo y a todo nuestro archivo desde 1976.
