Naufus Ramírez-Figueroa nació en 1978 en Ciudad de Guatemala, pero creció fuera de su país de origen porque su familia tuvo que buscar asilo político en Canadá huyendo de la guerra civil que vivió ese país entre 1960 y 1996. En su obra, el trauma colectivo e intergeneracional se vehicula con densidad semántica y da como resultado obras complejas, en las que lo real no existe como exterioridad representada, o narrada, sino como el gesto mismo de una simbolización que no quiere mostrar sus sentidos de forma prístina o explosiva, sino que, incluso, por momentos, parece querer esconderlos entre sus pliegues.
Una profunda extrañeza se activa al recorrer las cinco salas de la exposición, curada por Soledad Liaño. La obra es esquiva en su significación y cada pieza abre un umbral de intriga y desconcierto. El título sintetiza bien el carácter espectral de la propuesta porque toda la muestra (¿o debería decir toda la obra del artista?) está habitada por sombras, ecos y fantasmas. La primera pieza, La ilusión de la materia (videoperformance, 2015), plantea algunas claves para el recorrido: un arte de acción, y visualmente críptico, en el que lo siniestro opera como vínculo entre las memorias de infancia, los absurdos de la realidad y la porosidad de lo imaginario.
La exposición toma vuelo en la siguiente sala, donde el proyecto El corazón del espantapájaros se despliega por primera vez en sus múltiples facetas. La primera, una instalación con los disfraces y accesorios para la performance Lugar de consuelo, cuyo argumento giró en torno a cinco figuras representativas del poder y sus engranajes: el oligarca, el dictador, el soldado, el cardenal y el espantapájaros. Se presentó por primera vez en la Bienal de São Paulo en 2016 y consiste en la elaboración de un episodio trágico que marcó la vida del artista y su familia, forzándolos al exilio. En 1975 el gobierno guatemalteco censuró con violencia la adaptación de la obra El corazón del espantapájaros, escrita por Hugo Carrillo en 1962. Los estudiantes de la Universidad Popular de Ciudad de Guatemala, que organizaron la puesta en escena –y entre ellos, los tíos de Naufus Ramírez-Figueroa–, fueron reprimidos y el episodio culminó con el asesinato de un actor y la explosión de una bomba que destruyó el teatro. La película Lugar de consuelo (2020) también deriva de este acontecimiento y se filmó posteriormente. En la misma sala se exhiben las aguatintas que reconstruyen algunas de las escenas de 1975, basándose en las descripciones del tío del artista.
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