En esta reciente exposición, José Eduardo Barajas materializa en su producción de 2025 desafíos autorales y plásticos: rebasa los límites bidimensionales de lo pictórico en un montaje que construye instalaciones con pinturas y ensaya con sus técnicas, gestualidades para abrir espacios plásticos al comportamiento intrínseco de lo líquido. Además, propone experiencias contemplativas individuales que se vuelven colectividas al idear este acercamiento a lo pictórico y a su potencialidad expresiva en el contexto del exponer en galería.
La muestra presenta cuatro conjuntos o instalaciones de obras de distintas dimensiones, agrupadas por premisas conceptuales-cromáticas-sensibles. Sus vanos sobre los bastidores también lucen trabajados. Al montar los lienzos en las estructuras desde donde han sido colgados en el montaje, hay un cambio de plano en estas orillas que da continuidad a las historias matéricas plasmadas en la superficie principal de las telas.
La primera consigna, Proliferación, se antoja como la concentración de escenas de fotografías al microscopio que nos acercan a los detalles físicos de entes que se expanden. Sus anillos, coloraciones, núcleos, ramificaciones, nervaduras. Y hay sutilezas formales de esta vida en áreas sin oposiciones tonales. El otro lado de esta primera estructura, compuesta por varios lienzos, ofrece otras variantes tonales, entre grises y rosados.
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