Frans Krajcberg

Frans Krajcberg. A flor do mangue (La flor de mangle), ca. 1970. En la exposición individual “Frans Krajcberg: reencontrar a árvore” en el Museo de Arte de São Paulo Assis Chateaubriand (MASP). Madera residual de árboles de manglar pigmentada con betún. 300 x 780 x 700 cm (118 x 307 x 275.59 pulgadas). Fotografía y cortesía: MASP/Divulgação.

Monografíadic 2025 - may 2026· Por Alessandra Simões Paiva

Frans Krajcberg

Museu de Arte de São Paulo Assis Chateaubriand (MASP)

Las esculturas, pinturas y relieves producidos por Frans Krajcberg (1921-2017) lo consagran como uno de los grandes portavoces de la causa ecológica en el campo de las artes. Esa faceta se hizo evidente en la reciente exposición “Frans Krajcberg: reencontrar a árvore” (Frans Krajcberg: reencontrar el árbol), en la programación del Museo de Arte de São Paulo Assis Chateaubriand (MASP), que reunió más de cincuenta obras –entre esculturas, relieves, grabados y pinturas– de dimensiones monumentales que desafían lo convencional. Esos trabajos revelan no solo la profunda fascinación del artista por la naturaleza brasilera, sino también su creciente compromiso con la denuncia de las agresiones al medio ambiente.

Curada por Adriano Pedrosa y Laura Cosendey, la muestra delineó un amplio panorama de la producción de Krajcberg, pionero en integrar arte y ecología en una poética singular. Su trayectoria artística está fuertemente anclada en investigaciones que se ramificaron en diversos ejes temáticos –samambaias, floraciones, relieves, sombras–, culminando en obras realizadas a partir de bejucos, raíces, troncos quemados y pigmentos naturales. Al incorporar esos elementos orgánicos, Krajcberg no solo dialogaba con el paisaje, sino que instauraba una crítica vehemente contra la destrucción de los biomas brasileros, transformando residuos en testimonios de la devastación.

La biografía del artista es indisociable de su obra. Judío polonés, Krajcberg llegó al Brasil a los 27 años, trayendo consigo las cicatrices de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, que diezmó a su familia en los campos de concentración. Ese pasado brutal parece haber profundizado su sensibilidad hacia la violencia contra la vida –humana o no humana– y haber alimentado una postura ética que atraviesa toda su producción. Además del reconocimiento artístico, con premios en importantes bienales, las de Venecia y São Paulo, y su presencia en colecciones de instituciones como el Beaubourg en París, Krajcberg fue sobre todo un artista activista que asumió, ya en los años 60 y 70, una militancia ambiental, incluso antes de que el tema alcanzara relevancia global.

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Frans Krajcberg, por Alessandra Simões Paiva | artnexus