La nueva exposición de Eduardo Basualdo en la galería Ruth Benzacar, inaugurada el 5 de julio de 2025, se presenta como una continuidad de su producción artística, aunque no en el sentido de la repetición, sino como un despliegue de estrategias que el artista viene ensayando y que toman nuevas formas en cada exhibición. Basta recordar la monumental instalación La cabeza de Goliat en la Usina del Arte (2018), donde una gigantesca esfera metálica suspendida por una cadena sobre los espectadores parecía desafiar la escala arquitectónica, o la muestra Pupila en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (2022), cuyo montaje central consistía en una estructura de aluminio de más de 150 metros cuadrados que generaba un espacio inmersivo. Allí, una enorme masa negra parecía envolver y absorber los cuerpos, conformando un entorno ominoso en el que las figuras humanas emergían como atrapadas en una superficie oscura y sin límites. Ambas experiencias confirman un hilo conductor: la voluntad de intervenir en el espacio como si fuera un organismo vivo, un escenario en permanente transformación.
El título elegido –“In medias res”– remite a la fórmula latina que significa “en medio del asunto, en plena acción”. Esa definición, tomada del ámbito narrativo y teatral, anuncia al visitante que no llega al inicio ni al desenlace de un relato, sino que se encuentra directamente sumergido en un acontecimiento ya en curso. La exposición no impone un itinerario único, sino que puede recorrerse de adelante hacia atrás o en sentido inverso, sin alterar la experiencia.
El ingreso a la sala supone un primer umbral, un espacio abismal donde tres obras condensan el desconcierto y la soledad. Destaca allí Tal para cual, una acuarela y pastel seco sobre papel que representa tres cuchillos, atravesados por un juego cromático de rojos y azules que evocan tanto la oxigenación de la sangre como la polaridad de opuestos vitales. Esta antesala, ubicada incluso antes del cartel con el título de la muestra, funciona como un prólogo de lo que vendrá. Más adelante, figuras translúcidas confeccionadas en tela encerada aparecen como presencias espectrales. Es la primera vez que Basualdo explora esta técnica, y el resultado abre directamente una conexión con lo espectral: siluetas que parecen desprenderse del espacio, cuerpos desvestidos y cortados en láminas, con texturas que recuerdan a la carne colgante en una cámara frigorífica. Obras como Desvestido IV evocan una humanidad frágil, expuesta al filo entre presencia y desaparición.
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