Exposición Individualdic 2025 - may 2026· Por Riccardo Boglione

Dalila Puzzovio

Museo de Arte Moderno de Buenos Aires

Uno de los aciertos expositivos de los curadores Pino Monkes y Patricio Orellana en la amplia y airosa retrospectiva “Dalila Puzzovio: Autorretrato” (parcial, ya que cubre, básicamente, solo los años 60 y 70, en ciertos casos con versiones más recientes de las piezas originales), es mezclar dos momentos iniciales en la carrera de la artista, “enmarcando”, juntas, obras creadas entre 1961 y 1963 con unas lóbregas paredes negras. Condensa y revela el enorme salto que Puzzovio da entre una primera fase, marcada por sus estudios con el surrealista Juan Batlle Planas, que la lleva a exponer una serie de cuadros informales oscuros y mestos –hay en la sala varios especímenes–, y sus posteriores y célebres “cáscaras”. Vale decir, un brusco cambio en su vocabulario estético y la adhesión inmediata, cuando no la co-creación a secas, de los nuevos lenguajes que irrumpían en el escenario global. En efecto, abandonados el lienzo y los pinceles, Puzzovio construye una suerte de esculturas usando yesos ortopédicos –desechos del Hospital Italiano, por ende, readymades– que va acumulando en el piso, superponiéndolos, abiertos o semiabiertos, aparejándolos “matrioskamente”, colgándolos y a veces pintándolos con gruesas rayas. El cuerpo se vuelve el núcleo de su reflexión, su vestigio, su rastro vacío, donde permanece la huella del dolor (quizá todavía anclada, metafóricamente, a la tenebrosidad informal antecedente) y la propia persona está en escena: extraordinaria en este sentido la serie de fotos que Rubén Santantonín le sacó mientras abraza y se compenetra con esas “cáscaras”, en una virtual dilatación y reimaginación de la corporalidad y en la exhibición de uno mismo como hecho artístico.

Parece, a la postre, que aquellas “piernas” con rayas son los primeros indicios del otro, enorme cambio que Puzzovio opera al poco tiempo: volcarse completamente al pop, aunque es un pop original, para nada endeudado con el norteamericano.

El centro focal de ese ulterior pasaje se fija en la rigurosa reproducción de tres gigantescos corsés, armados en yeso y alambre, que albergan algunas piezas de la misma artista y que Puzzovio presentó en el ámbito del Premio Nacional del Instituto Di Tella en 1965. Extraño mecanismo de obras dentro de obras, con sus títulos La esfera del tiempo, Se dan clases de tejido a mano y a máquina y Jean Shrimpton, la plus belle fille du monde, se dividen entre la producción de cáscaras y la constitución de un imaginario femenino, y feminista, donde la atracción y volatilidad propias de los productos masivos modernos (incluso simbólicos, véase la famosa modelo) revelan su poder, crean su antídoto (el DIY del tejido a mano) y su faceta oscura (patente también en su serie de coronas fúnebres, falsamente alegres).

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Dalila Puzzovio, por Riccardo Boglione | artnexus