Exposición Individualdic 2025 - may 2026· Por Christina Chirouze Montenegro

Cristina Flores Pescorán

Casa Santa Ana

El título es casi una incantación –o, acaso, una fórmula secreta–. El público se ancla a lo que puede captar –“para florecer”–, aunque el halo de misterio permanece. ¿Acaso florecer no es un fin en sí? Un árbol florece, reflorece, punto. Pero aquí, “algo” hace que “algo más” florezca, y, desde allí, Cristina Flores Pescorán y su curador, Miguel A. López, ya nos han transportado a un territorio en el que reina la magia.

No busquen: ñiñi y ñaña no figuran en el diccionario, y se me ocurre que ellas son, acaso, las primeras obras de la exposición. Más adelante, vienen las dilucidaciones: Cristina Flores pronuncia “ñaña”, y es el eco de la voz de su abuela, al llamarlas, cariñosamente, a ella y a sus otras nietas. “Ñiñi”, en cambio, es una libertad: la artista la inventó a partir de otro eco (este, más lejano) de sus ancestros de la Costa Norte del Perú, con la redundancia de “ñi”, mar en lengua muchik, una de las lenguas más importantes del territorio, surgida en el siglo II d. C. y extinguida hace más de un siglo. El “ñiñi”, ese mar desdoblado, no podía haber elegido, para cobrar vida, mejor terruño que el panameño, istmo-canal entre dos océanos.

Para esta exposición, Flores Pescorán presentó casi solo piezas inéditas, muchas realizadas o terminadas in situ y pensadas para el espacio. Casa Santa Ana, en el barrio popular epónimo de Ciudad de Panamá, se abre a quien quiera adentrarse en los mundos paralelos del arte: fuera queda el bullicio de la vida urbana tropical. En ese oasis de estética industrial y silencio, desde 2015 se han exhibido artistas de renombre internacional.

Sigue leyendo este artículo

Este artículo es exclusivo para suscriptores de artnexus. Suscríbete para acceder al contenido completo y a todo nuestro archivo desde 1976.

Cristina Flores Pescorán: Casa Santa Ana | artnexus