Exposición Individualdic 2025 - may 2026· Por Alberto Barral

Carmen Herrera

Lisson Gallery

El estatus de Carmen Herrera sigue creciendo. La reciente exposición de sus primeras obras en la Lisson Gallery de Nueva York fue un tour de force curatorial centrado en los años cruciales de su evolución artística en París. Las obras se ven extraordinariamente contemporáneas. La primera que veía el visitante al entrar –Thrust (Empuje), pintada en 1950, hacia mediados de su período parisino– es una sorpresa: no parece para nada una obra temprana. Sería más fácil confundirla con una obra de la década de 1960. Frente al intenso azul aguamarina cortado por líneas blancas, nos asombra descubrir cuánto había logrado Herrera en este momento de su carrera. Y cómo ya comenzaba a hacer las abstracciones de color tan propias de su obra, evidentes no solo por el uso de un único tono audaz, sino, sobre todo, por la composición. La obra difiere por completo de las pinturas expuestas en la siguiente sala, la mayoría de las cuales se hicieron entre 1948 y 1949. Abstracciones en rojo que aún no están definidas por la línea severa, lucen más caprichosas y algo abarrotadas sobre fondos verdes oscuros o negros. Estas ilustran cómo, durante sus años en París, Herrera se iba de un lado al otro en su estilo de abstracciones, algunas de las cuales recuerdan obras anteriores, y otras, como Thrust o Siete –estupenda composición geométrica en amarillo, negro y naranja, de 1949–, son fuertes indicadores de lo que vendría a ser su estilo maduro.

Un nuevo desarrollo ocurrió en 1948, cuando introdujo abstracciones geométricas en rojo sobre un fondo oscuro. La más destacada del grupo es Domains # 2 (Dominios #2) (1948), y la más grande y compleja, Early Dynasty (Dinastía temprana) (1953). Es increíble que esta obra maestra haya permanecido cuidadosamente enrollada y envuelta bajo su cama durante décadas. Como señaló la propia Herrera: “Cuando venía a Nueva York desde París intentaba mostrar mi trabajo, pero apenas decía ‘soy cubana y pintora’, nadie iba más allá. Me aseguraban que mi trabajo no se vendería”.

El suyo fue un camino de persistencia, visión singular y uso pionero del acrílico en Europa durante ese emocionante período que más tarde se conoció como la Nueva Escuela de París. En conversación con ella hace muchos años, me dijo que los artistas que más le entusiasmaban durante su etapa parisina eran los rusos, por sus coloridas obras abstractas. Frecuentaba el círculo de Sonia y Robert Delaunay, quienes en su célebre salón de los jueves discutían sobre el arte abstracto. Serge Poliakoff era un invitado asiduo y André Lanskoy era buen amigo de Nicolas de Staël; ambos tuvieron importantes exposiciones individuales en 1948, a las que Herrera debe haber ido. “Era fácil conocer y llegar a intimar con los artistas de París en ese entonces. Todos estábamos interesados en ver nuevos trabajos. Fue muy emocionante”. Algunas de sus combinaciones cromáticas –como el contraste entre el rosa y el marrón oscuro de su Egocentric Pink (Rosado egocéntrico) (1948/1957)– recuerdan a Malévich; mientras que las construcciones y los rangos cromáticos de Composition with Pink #34 (Composición con rosa #34) y Realites nouvelles (Nuevas realidades), ambas de 1948, así como Red Dot #38 (Punto rojo #38), de 1953, se asemejan a los de Poliakoff.

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