Ruth Benzacar

Mora Bacal y Orly Benzacar, 2024. Foto: Lucia Bonells. *

Monografíajun 2025 - nov 2025· Por Leandro Martínez Dipietri

Ruth Benzacar

El conjuro de la historia

El desafío de narrar la historia de Ruth Benzacar Galería de Arte en su sexagésimo aniversario es particularmente complejo porque resulta inseparable de la historia del arte argentino en su entramado con la agitada vida social, política y económica del país. ¿Dónde empezar? ¿Por la primera venta? ¿O tal vez por la intensidad de la vida cultural porteña en los años 50 y 60 y la fiereza de los debates sobre arte en la esfera pública?

Contar los inicios es siempre un ejercicio de ficción, por algo hablamos de mitos de origen. Nada nace de un repollo más que otro repollo. Sin embargo, los mitos importan porque son ficciones que habitamos, construyen el sistema simbólico con el que pensamos nuestro mundo y nos orientan en él. El desafío de narrar la historia de Ruth Benzacar Galería de Arte en su sexagésimo aniversario es particularmente complejo porque resulta inseparable de la historia del arte argentino en su entramado con la agitada vida social, política y económica del país. ¿Dónde empezar? ¿Por la primera venta?

¿O tal vez por la intensidad de la vida cultural porteña en los años 50 y 60 y la fiereza de los debates sobre arte en la esfera pública? Podríamos decir que Ruth Benzacar y su esposo Samuel empezaron como coleccionistas. La hermana menor de Samuel militaba en el Partido Comunista, como tantos otros descendientes de inmigrantes judíos en ese entonces. Artistas de las más diversas tendencias –desde los concretos como Raúl Lozza hasta el inclasificable y siempre mutante Antonio Berni– también militaban allí y donaban sus obras como aporte a la utopía. Ruth y Samuel empezaron a adquirir esas obras y a construir una pequeña colección que fue creciendo hasta que uno de los vaivenes económicos de ese período –signado por los desafíos de la Guerra Fría, la proscripción del peronismo y la fragilidad de una democracia restringida– los enfrentó a la necesidad de vender. Albert Einstein sostuvo que en el seno de toda crisis se esconde una gran oportunidad: una frase que bien podría convertirse en el lema de la argentinidad, y también de una galería que sobrevivió a dos golpes de Estado y una larga sucesión de recesiones económicas.

En esa época de grandes debates, la primera forma que cobró el emprendimiento de Ruth en 1965 fue abrir la casa familiar en el barrio de Caballito los viernes a la noche e invitar a la conversación con artistas e intelectuales. Ruth supo integrar la necesidad de expandir un mercado para el arte contemporáneo con la avidez que tenía la sociedad por reunirse y pensar colectivamente el mundo, permitiéndose cuestionar las ideas heredadas. Estas tertulias, frecuentadas por figuras de la edad de oro del Instituto Di Tella, se volvieron un hito en la escena artística. La familia continuó convocando a su casa, incluso después de mudarse a la calle Talcahuano en 1975, donde empezó a desarrollar un perfil de casa-galería con exposiciones asiduas.

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Ruth Benzacar, por Leandro Martínez Dipietri | artnexus