Leonilson

Leonilson. Da falsa moral (De la falsa moral), 1993. Hilo sobre tela de algodón y camisa de tejido piqué y silla de madera. 92 x 55 x 50 cm (36 ¼ x 21 5/8 x 19 11/16 pulgadas). Colección privada, São Paulo. Do bom coração (Del buen corazón), 1993. Hilo sobre tela de algodón y camisa de tejido piqué y silla de madera. 92 x 70 x 50 cm (36 ¼ x 27 9/16 x 19 11/16 pulgadas). Colección privada, São Paulo.

Monografíajun 2025 - nov 2025· Por Xenia Bergman

Leonilson

Ahora y las oportunidades

Museu de Arte de São Paulo – MASP

La representación vive un turning point en la generación de Leonilson. Si hasta los años setenta era posible ubicar “-ismos”, en los ochenta y noventa, en que trascurre su breve pero intensa carrera, el arte pasa por una desmaterialización. Siendo original de Ceará, desde muy joven vivió en la megalópolis de São Paulo llegando con su poética a una mezcla de futuro y ancestralidad. El cúmulo de exposiciones que se agencia por donde pasa, desde que gana una beca premio en Europa, 1980, se corona con la participación en la Bienal de São Paulo y de París, ambas en 1985, que lo consagran como uno de los grandes de su época. Especie de “enfant terrible” para interpretar los tiempos convulsos, su arte reunido en la reciente retrospectiva del MASP, “Leonilson: agora e as oportunidades” [Leonilson: ahora y las oportunidades] es un elogio al mundo y “lo inacabado”, y ya, más al final de su vida, una apelación al drama del sida. Indisociables conexiones resultan en un arte autobiográfico, ícono de las subjetividades diversas.

La exposición, con curaduría de Adriano Pedrosa, entreteje temas de matiz filosófico y la “dinámica queer”, todavía hoy vista por un segmento de la sociedad como tabú. Lo mítico viene a tono en obras claves de su trayectoria, como Reflexo de Narciso [Reflejo de Narciso], de 1988, que oscila dentro del “romanticismo”, como refuerza Pedrosa, y trae la cosmovisión de artista plural, que se ha permitido filosofar con bastante soltura. No es de extrañar que hallemos en el conjunto de su trabajo referencias a idealismos, como en la titulada Leo não consegue mudar o mundo [Leo no logra cambiar el mundo], de 1989, con la cita indirecta al filósofo, de gran impacto en su época, Schopenhauer y su parábola del puerco espín, “lo que nos une” y “lo que nos separa”, para abordar uno de sus temas preferidos: las relaciones humanas en el sentido pasional.

Experiencias de idas y vueltas, altibajos, lo llevan a sentirse o inconformado [el inconforme], como se describe a sí mismo en uno de sus trabajos de 1988. Y el elogio a la dualidad de humores, reflejada en esos “paisaje-antropométricos”, como el mar, la luz de luna, la bahía, recortados entre dos amantes, para reforzar la espera, la distancia, o el last chance. Es así que hace transparecer lo autobiográfico y lo íntimo como nuevo dilema del arte. En uno de sus dibujos, dos personajes [cada uno en un barco]navegan en dirección al otro conectados por la cabeza; la prolongación del cuerpo se da por esta atadura cefálica. En otro, la conexión por la roldana que es movida por el corazón-motor. En otro, la unión es un mecanismo-puente como emblema de los deseos de su mente. Son el abrazo y la autopista posibles enlaces de su mundo-intimidad. Y las frases epigramáticas, sin las cuales la obra no se completaría: “Estos juegos peligrosos no son de guerra, ni de mar, sino de unos lentes oscuros y un par de jeans”, de la obra Jogos perigosos [Juegos peligrosos], de 1990, es una de mis preferidas.

Sigue leyendo este artículo

Este artículo es exclusivo para suscriptores de artnexus. Suscríbete para acceder al contenido completo y a todo nuestro archivo desde 1976.

Leonilson, por Xenia Bergman | artnexus