Decía Gloria Anzaldúa que “una frontera es una línea divisoria, una fina raya a lo largo de un borde empinado. Un territorio fronterizo es un lugar vago e indefinido creado por el residuo emocional de una linde contra natura. Es un estado constante de transición”. Esta frontera se desdibuja en prácticas artísticas que se nutren de corrientes globales, pero que también trabajan desde una perspectiva situada, poniendo de relieve que lo local es también universal.
En ese contorno liminar, donde todo se mueve sin un marco fijo, resultan interesantes las propuestas curatoriales que encabezan artistas, cuando, además de trabajar conceptos en sus obras, lo hacen para presentar los de otras en un espacio determinado. Esto es parte de lo que presenta “Instinto territorial”, en la Galería Ángeles Baños (Badajoz, España), donde dialogan los trabajos de Glenda León, Juana Córdova y Katherinne Fiedler. A partir de una invitación a la primera, esta articuló una exposición con las obras de las tres con conceptos que investiga en su obra y presentes en los de las otras dos también.
Tres artistas latinoamericanas en una galería en la periferia española, pero con una importante trayectoria de haberse situado como un espacio puntero, que apuesta por artistas, formatos y proyectos nada convencionales y que van más allá del mercado, con todo lo que de riesgo esto conlleva. Al final, pareciera que los centros se imponen a las periferias y todo tuviera que pasar por Madrid, Barcelona o, si me apuran, París, Londres, Nueva York; de ahí que esta exposición sea más interesante aún.
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