Fernando Sinaga [Zaragoza, 1951] ha desarrollado, desde hace cuatro décadas, una trayectoria artística impecable y de una intensidad enorme, recorriendo una zona [término que empleó en su retrospectiva en el Museo de Arte Contemporáneo DA2 de Salamanca, 2006] compleja y absolutamente ajena tanto a la dinámica del espectáculo de la cultura actual cuanto a la tendencia a la literalidad anecdótica. Su talante meditativo y, sobre todo, su proceder investigador le llevan a fijar, con enorme rigor, cartografías problemáticas pertinentes. Convencido de que su obra no puede estar circunscrita a la mera lectura “estilística”, ha transformado su actividad en una reflexión que le obliga a transitar por la historia de la óptica, la estética barroca, el psicoanálisis o los procesos de la filosofía contemporánea. Y, sobre todo, a no dejar que sus intervenciones caigan en el vacío crítico habitual como si finalmente todo pudiera entenderse desde una clave técnico-formalista o, peor, ornamental.
Conviene tener presente que, a pesar de la inercia interpretativa que ha situado a Fernando Sinaga en la estela del minimalismo, su imaginario no le lleva hacia lo in-maculado; al contrario, su pulsión es aleatoria y pre-siente que lo informe corresponde, valga la paradoja, con mayor exactitud a su indagación en el seno de lo inconsciente y, por supuesto, de lo arquetípico. Es manifiesto que ha absorbido “la experiencia del Minimal”, pero no está anclado en un nominalismo obsesivo ni pretende realizar una reducción fenomenológica. El sofisticado e intenso diálogo creativo de este artista convoca principalmente a Brâncuși, Robert Morris, o incluso Giacometti; antes, a Donald Judd o Sol Lewitt; si tiene preocupaciones matemáticas, serán las que laten, casi ocultas, en la matriz de la sabiduría antigua, aquel pitagorismo que no eludía lo místico.
Este creador extremadamente riguroso comenzó en los años ochenta a modular su producción escultórica, atento especialmente a los planteamientos de Richard Serra, o también a los de Reinhard Mucha, estudiando a fondo los proyectos de arte público en los Estados Unidos. Durante años ha desarrollado desde su cátedra de escultura en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca una profunda investigación estética, al mismo tiempo que realizaba excelentes muestras en museos como el Instituto Valenciano de Arte Moderno [2005] o el Museo d’Arte Orientale de Turín [2021], participando en la Bienal de São Paulo [1989] o en la Exposición Universal de Hannover [2000]. Tras exponer en numerosas galerías, tanto en España como en Alemania o los Estados Unidos, ha realizado, en los últimos años un ciclo de proyectos en espacio de Fernando Pradilla en Madrid.
Sigue leyendo este artículo
Este artículo es exclusivo para suscriptores de artnexus. Suscríbete para acceder al contenido completo y a todo nuestro archivo desde 1976.

