Exposición Individualjun 2025 - nov 2025· Por Santiago Rueda

Eduard Moreno

La Balsa

Eduard Moreno es un artista laborioso y prolífico. Una revisión de su trayectoria, al menos en los últimos diez años, da cuenta de una exitosa y constante producción, ratificada en sus numerosas exposiciones, que operan como capítulos en el desarrollo de su obra general. Estas producciones, llevadas a cabo principalmente en Bogotá, han sido realizadas conscientemente con un mínimo de elementos y temas muy concretos, propuestas que parten de enunciados filosóficos y se ocupan de materialidades palpables y recurrentes, sin que por ello el artista llegue a repetirse. Así como es prolífico, reflexivo y disciplinado, Moreno es un pensador activo, y ha estado atento a la evolución de su principal objeto de estudio, el medio ambiente, y a las consecutivas crisis ocasionadas por el saqueo de recursos en una geografía precisa, la del norte de la cordillera de los Andes.

Es preciso decir, entonces, que Moreno fue uno de los primeros artistas en Colombia en ocuparse de los problemas de la minería a cielo abierto a gran escala, y de la agresiva manera en que esta se ha planteado en Colombia y en América Latina en general, en este primer cuarto de siglo. Para contextualizar esta última exposición suya, “Cuando la casa se quema”, quisiera recordar algunos de sus proyectos de los últimos doce años, pues a partir de ellos encontraremos las claves que nos permitan entender de justa manera su más reciente exposición. “Echar por tierra” [2013] fue una ambiciosa exposición que presentó una instalación gigantesca montada como un dispositivo minero, titulada Materia oscura, en la que un extenso pliego de papel carbón, con dibujos logrados a través de huellas de una vieja impresora –soporte y técnica predilecta de Moreno–, ocupaba el lugar simbólico de un cauce de agua. El artista incluía en esta muestra los retratos titulados Tierra en la lengua, dedicados a los mineros ancestrales y artesanales de origen africano, que aún hoy buscan el oro legal e ilegalmente en las cuencas de los ríos del Pacífico colombiano.

Nudo ciego [2016] fue una larga recapitulación de sus trabajos sobre el extractivismo, que le habían ocupado al menos desde una década atrás, cuando aparecen sus obras en papel carbón, aprovechando las pioneras impresoras digitales y sus efectos símiles a los del grabado. Errando el suelo [2017], por su parte, se trató de un viraje en su obra. El interés ya no estaba en la extracción de los minerales en el interior de la tierra, sino en el suelo mismo; en sus propias palabras, “como una condición metafísica de habitar el mundo, el suelo como un continuo lugar de tránsito”. “Aterrar el horizonte” [2022], otro acertado y una vez más en apariencia pesimista título para otra de sus exposiciones, se trató del “intento de buscar la tierra, de buscar polos a tierra”, encontrando el cobre, un metal que, en palabras del artista, “aterra, un material simbólico que depone a la tierra, un metal curativo de usos medicinales tópicos”. Sus elaborados y sombríos paisajes se vieron acompañados de placas labradas en cobre y dispuestas en el suelo, en las que se leían frases enigmáticas como “extraviar el centro, las palabras o el balance y la vigilia”. Para su exposición actual, “Cuando la casa se quema”, Moreno decidió dar continuidad a esos paisajes casi monocromos y al uso del cobre como estructura formal y narrativa. En concreto, la exposición se componía de tres grupos de obras. Inicialmente, paisajes de alta montaña realizados con óleo y ceniza de incendio forestal sobre tela. No es de extrañar entonces, dados sus materiales, que estos paisajes tengan como motivo las devastadoras, provocadas y mal intencionadas quemas del bosque húmedo en la Amazonía colombiana y brasileña, sucedidas justo durante los años de la pandemia del COVID-19, que tuvieron y tienen efecto directo en una ciudad aparentemente tan lejana del Amazonas como Bogotá, donde habita Moreno, y donde los cerros que bordean la ciudad fueron pasto de las llamas en enero de 2024.

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