Salir del metro, el viento helado de marzo en Nueva York, caminar varias cuadras hasta la calle 22, y encontrar El abrazo de Delcy Morelos, dos montañas altas de tierra, cafés, rojizas. Entonces parar, y sentir.
El 2024 indudablemente fue el año de Delcy Morelos, con numerosas exposiciones internacionales, pero “El abrazo”, la exposición que se presentó entre los meses de octubre de 2023 y julio de 2024 en Dia Chelsea, en Manhattan, me pareció una manifestación pública de lo que nos hemos perdido, tal vez de lo que necesitamos: un encuentro con la tierra.
La tierra levantada en dos construcciones –me recordaron a las construcciones de Tulum–, anchas y bien puestas sobre el suelo, instaladas de tal manera que permitían abrir un pasadizo que se iba estrechando para que el cuerpo pudiera sentir algo de calma y de abrigo. Y la textura: la tierra tan cerca, con ramas delicadas, que se podía tocar. La ficha técnica decía que la obra se construyó in situ, con tierra de jardín reciclada, arcilla de Beacon –donde la galería tiene un espacio de todos conocido–, fibra de coco, paja, canela, clavo, aceite de copaiba, agua y fragancias.
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