Los problemas que planteó el desarrollo de la modernidad en América Latina han sido ampliamente discutidos. Durante las décadas de 1940 a 1980, que fueron años de crecimiento económico y de reformas destinadas a masificar la enseñanza, la modernidad llegó de manera aletargada a muchas regiones, mientras crecía aceleradamente en ciudades como Buenos Aires, São Paulo, Ciudad de México, Caracas, Santiago de Chile, Bogotá, Montevideo y La Habana.
El diseño que se gestó en la América Latina de aquellos años ha sido poco estudiado, de ahí que la exposición “Crafting Modernity. Design in Latin America, 1940-1980” [Construyendo la modernidad. Diseño en América Latina, 1940-1980], en el tercer piso del Museum of Modern Art [MoMA] de Nueva York, sea en muchos sentidos una muestra reveladora. Explora una vertiente de creación poco estudiada y aun no suficientemente valorada en América Latina, tal vez porque todavía persista la tendencia a no considerar como arte a objetos dotados de un carácter marcadamente funcional o producidos para lo que actualmente se conoce como cultura material.
La exposición integra cuatro líneas fundamentales: los objetos industriales –con un énfasis en los muebles–, las obras basadas en producciones artesanales, incluidos cerámicas y textiles; los diseños vinculados a la arquitectura y, por último, la gráfica para carteles y anuncios publicitarios. Al agrupar estas diferentes vertientes de creación, “Crafting Modernity” [Construyendo la modernidad] evidencia que los diseños producidos por empresas latinoamericanas –los muebles, las vasijas de barro y las serigrafías– fueron prolongaciones de los ensayos de integración de las artes, que tanto entusiasmaron a muchos creadores del continente.
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