Exposición Individualjun 2025 - nov 2025· Por Xenia Bergman

Brígida Baltar

Museu de Arte do Rio

La exposición “Pontuações” [Puntuaciones] presenta el cosmos de una artista carioca de los noventa, en el momento en que se completa un ciclo de su desaparición [Río de Janeiro, 1959-2022]. Con esta antología −la mayor ya realizada a un miembro del grupo Visorama y que gravitó en la Escuela Parque Lage-, quedamos seducidos por su producción. Desde la minuciosa curaduría de Marcelo Campos, y gracias a la Fundação Brígida Baltar, tenemos una inmersión en casi doscientas obras suyas, donde sentimos un eje común. Materia terrosa, atmosférica o líquida, jamás inerte, sino dotada de imaginación, como proponía Bachelard.

La exposición muestra la diversidad de soportes con que Brígida trabajó: dibujos, objetos, esculturas, performances vistos en fotografías, miniteatros, y otras experiencias audiovisuales. El uso de pigmentos terrosos de la primera etapa y los bordados más recientes llaman la atención en la primera sala dedicada a su matriz más conocida, el mundo doméstico e intimista de su casa-atelier y el juego con la materia terrosa, y otras formaciones que de ella se derivan. En ese sentido, podemos hacer una elipse entre los bordados de Pele de planta [Piel de planta], de 2020-21, inspiraciones en células vegetales, y las interacciones con un panal de seda, que viste y desviste como prolongación de su cuerpo, en Casa de abelha [Casa de abejas], de 2002. Una poética que parte de cúmulos de células o de cera in natura para expresar esa voluntad de la materia como ser-habitar, o “paisaje que genera acción”, para citar una de sus máximas [1].

También, ese movimiento aparece en sus gestos “caseros” que evocan la arquitectura personificada: sus miniaturas, los pisos tratados como tejido, en Chão [Piso], de 2022; y de las cajas muestrarios de pared de las goteras guardadas cual clasificados alquímicos, en Casa, de 2022. Ese acto, a semejanza de otros de recolectar lágrimas, pigmentos, polvo de las estructuras de su residencia, potencializa y mistifica esa idea del arte como un archivo. Un archivo de fluidos para adentrar en la creación. En Venus, de 1995, esculturilla antropomorfa esculpida en ladrillos, cual “excavaciones” de su universo inmediato, guarda relación con lo cíclico. El fragmento de un piso recubierto por dibujos esquemáticos hechos de un polvo cernido, que tituló Canto brocado [Rincón calado], de 2007, y Abrigo, de 1994, abertura cavada en la pared en forma de su silueta antropométrica, uno de sus más emblemáticos performances se conecta con Feminino [Femenino], de 1994 un tradicional armario que resguarda un montículo de tierra de los bosques húmedos del Brasil.

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Brígida Baltar, por Xenia Bergman | artnexus