Cuando en 1979 se publicó el texto seminal “La escultura en el campo expandido” de la teórica estadounidense Rosalind E. Krauss, se inauguraba un tiempo nuevo para el análisis de las formas escultóricas que, liberadas de su carga tradicional asociada a la idea de monumento, podían derivar en nuevas formas. “Las categorías como la escultura y la pintura han sido amasadas, extendidas y retorcidas en una demostración extraordinaria de elasticidad, una exhibición de la manera en que un término cultural puede extenderse para incluir casi cualquier cosa” [1]. Si bien Krauss se fijaba en el continuo cambio que las expresiones escultóricas habían ido tomando desde los años 60 en adelante, yo quiero traer al presente este texto al sacar a colación el análisis que planteamos hoy en artistas cuyo corpus se mueve desde múltiples medios, rompiendo las categorías clásicas para hibridarse y mezclarse con otros. Es el caso de Teresa Solar Abboud.
Partiendo de un imaginario basado en la morfología del habla y, por extensión, del pensamiento, y haciendo uso del audiovisual, pero también de la escultura, Solar Abboud se interesa por la raíz corpórea del lenguaje, a partir de su propia experiencia como hija de madre egipcia que aprendió a hablar árabe pero no a escribir o a leer. Esta asimilación de una lengua afectiva a través de la oralidad, pero alejada de su dimensión gráfica y léxica, se convierte en un asunto a partir del cual pensar las formas en las que sonido y cuerpo se relacionan. Solar Abboud investiga en la esfera de la oralidad con especial atención al lenguaje y cómo se construyen los significados a partir del habla, su morfología y los tránsitos entre sonidos y traducciones.
En una de sus primeras obras, Los embajadores [2010], abordaba a través del medio audiovisual la reconstrucción y filmación en El Cairo de uno de los decorados de la película Lawrence de Arabia [David Lean, 1962]. Iniciaba ya este camino de investigación en la que lo que se ve y lo que se representa no se corresponden, en una dislocación entre imagen y significado. Si bien la película original se supone que ocurría en Egipto, en realidad fue filmada en Sevilla; Solar Abboud relee la escena con una grabación real en El Cairo para reflexionar sobre cómo se construyen los espacios dentro de la ficción cinematográfica y cómo en lo escenográfico se produce también un ejercicio de simulación. Reinterpretación, traslado y modificación aparecen ya en esta obra como ejes de trabajo, con un interés precisamente en cómo la ficción, y, fundamentalmente, lo espacial que la conforma, también tienen una dimensión significante.
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