Exposición Individualdic 2024 - may 2025· Por Oscar Roldán-Alzate

Tania Candiani

Museo de Arte Moderno de Medellín – MAMM

Una suerte de jardín colgante da la bienvenida a la primera exposición monográfica de Tania Candiani en Medellín, y la primera de amplia cobertura espacial en Colombia. El que otrora fuera el salón de fundiciones del edificio Talleres Robledo, donde opera buena parte del programa itinerante del Museo de Arte Moderno de esta ciudad, fue acondicionado museográficamente para contener tres de los seis proyectos que la artista mexicana dispuso, con la curaduría de Emiliano Valdés. “Las cuatro obras audiovisuales y las instalaciones creadas específicamente para esta muestra llevan por senderos que fusionan la Tierra con sus habitantes humanos y no humanos, los acercan, y también interrogan por el sentido que cada uno le da a su breve paso por este planeta”, comenta el curador en el texto de presentación.

Prólogo [siete campanas] [2024, tejido en mimbre e instalación sonora], hace las veces de preludio u obertura a un concierto no convencional, que el visitante puede atender de manera intuitiva y con enorme libertad. Siete estructuras pendientes de la cubierta de más de doce metros de altura de esta sala recuerdan la flora de un valle rico en aguas y biodiversidad; son un remedo de la flor del borrachero [Brugmansia arbórea], ese arbusto muy propio de esta región meridional, del que se extrae la escopolamina, pero también se dice cobija levemente con una niebla de conciencia a los seres que se posan bajo de él para disfrutar una siesta. Esta instalación de siete canales deja oír sonidos de afluentes y espacios claves del valle de los extintos aburraes, comunidad prehispánica que habitó las tierras de la ramificación central de la cordillera de los Andes antes de sumergirse para perderse en el Caribe. Un pensador [banco de madera de las culturas originarias] gravita bajo la sombra de estas enormes flores sonoras hechas en mimbre por artesanos de la región; una tradición de cestería que imbrica el encuentro de dos universos sonoros.

La siguiente pieza, desarrollada exprofeso para la exposición, se ubica en el siguiente tercio del enorme salón. Se trata de una suerte de díptico compuesto por dos paredes de tapia [Tornarse montaña. Tapia pisada], típica construcción arquitectónica de la colonia, que aluden directamente a las culatas de Aná e Iguaná, del valle de Aburrá. En el medio, un instrumento de madera y cuerda [Cuando el río suena. Escultura sonora], que recuerda el arpa española, fragmentado en trayectos equivalentes, simula la trayectoria del río de la ciudad. Las dos partes de esta intervención, manufacturadas con la maestría de los artesanos locales, se impone más allá de las tres dimensiones e incorpora el sonido, que, en suma, es una constante de toda la muestra y da pie para entonar nuestro propio tempo y pulso en un viaje que se remonta a los orígenes mismos del caos, del universo sensible.

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Tania Candiani, por Oscar Roldán-Alzate | artnexus