Hace tiempo que el concepto de frontera está en entredicho, objeto de una revisión que la realidad hace cada vez más necesaria. Sin embargo, pese a algunos avances como el Tratado Schengen, que suprimió los controles fronterizos entre veintisiete países de la Unión Europea, los confines geográficos persisten con toda su carga de violencia. De esto habla “Tras la piel del mapa”, la exposición de la brasileña Marina Camargo [Maceió, 1980] en la galería Zielinsky de Barcelona, donde la artista vivió en 2003 para cursar un máster de Cultura Visual. Fue precisamente en la capital catalana donde empezó a investigar las problemáticas relacionadas con la cartografía, las migraciones y los desplazamientos, muchas veces forzosos, de los habitantes de determinadas regiones azotadas por la pobreza, la carestía o los desastres naturales debidos a la emergencia ecológica. Desde entonces, y ahora hace más de veinte años, la temática del desplazamiento, con todas las cuestiones inherentes, ha estado presente en su práctica artística. Ya lo pudimos ver hace un par de años en Valencia, donde presentó el proyecto Cartografías fluidas y otras transformaciones del espacio, en el cual planteaba su personal cuestionamiento de la geopolítica global que establece fronteras y divisiones que desgraciadamente van mucho más allá del territorio geográfico.
Para su primera muestra individual en Barcelona, la artista, que vive y trabaja entre Berlín y Porto Alegre, preparó un proyecto especial que cuenta con obras inéditas en diversos formatos: pintura, dibujo, escultura, fotografía, video e instalación multimedia. En “Tras la piel del mapa”, Camargo explora el concepto de frontera tanto a nivel conceptual como físico, con la voluntad de ampliar la percepción del espectador más allá de los códigos y las convenciones que tradicionalmente rigen la iconografía territorial. Como es habitual en su recorrido creativo, la artista arranca desde una noción ampliada del dibujo, en la que imagen y pensamientos se sostienen y refuerzan recíprocamente.
“Las obras de Camargo plantean nuevas cartografías en las que los bordes y los límites se desplazan o incluso se borran, invitando al visitante a mirarlos desde otras perspectivas”, explica Renan Araujo, responsable de la sede barcelonés de Zielinsky, que acaba también de abrir un nuevo espacio en São Paulo.
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