La multidisciplinaria obra de la artista residente en Buenos Aires La Chola Poblete [nacida en Mendoza, Argentina, en 1989] ahonda profundamente en su identidad queer y su herencia indígena, a la vez que confronta los efectos permanentes del colonialismo y el patriarcado. Aunque este resumen de su práctica artística es correcto y se adapta con facilidad a diversas plataformas mediáticas, no registra la profundidad de su exploración de la subjetividad personal y la identidad pública, emociones como vulnerabilidad y alegría, criticidad, activismo, y ética. Estas simplificaciones corren el riesgo de reducir, clasificar y normalizar su obra, y a ella misma. Sin embargo, en contra de estas narrativas reductoras, el arte de La Chola Poblete –ya sea a través de sus pinturas, acuarelas, esculturas de pan o performances– se entrelaza con su vida, desdibujando las líneas entre los dos. Su existencia y su expresión creativa deberían ser vistas como un punto dinámico en tiempo y espacio, donde confluyen numerosas personas, identidades y vidas, siempre complejas y a menudo en tensión una con otra. Al igual que el Evangelio de Marcos 5:9, La Chola es también una legión, porque ella encarna a muchos.
Chola, el ícono pop
“Cuando esperan que sea una víctima, soy una diva” [1].
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