“Ver”, una muestra con sede en la Galerie Nordenhake, en Ciudad de México, ofreció el diálogo de las prácticas de expansión expresiva y comunicativa de lo fotográfico entre Silvia Gruner e Iñaki Bonillas [y aportó algo más en la resignificación conceptual de la cultura material y de soportes fotográficos analógicos].
Al inicio del recorrido sorprendieron dos obras, una frente a otra, que dan cuenta de las maneras diferenciadas de mirar entre ambos autores. Las piezas enfatizan los ojos mismos y el prolongar, el observar hacia dentro y/o hacia afuera como zona de punctum o pinchazo comunicativo que construye caminos para un ver que genere sentidos plenos. Estos trabajos son Los ojos: niño #9 [Bonillas, 2010], donde la visión está en el juego y los mundos que despierta, y Viva cautivo, sea feliz [Gruner, 2015], en que el mirar está mediado por un dispositivo.
Gruner y Bonillas, a través de las resoluciones de patrones punteados del medio tono y de texturas del fotograbado, respectivamente, nos revelaron su coqueteo con la materialidad de las técnicas históricas fotográficas.
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