Exposición Individualdic 2024 - may 2025· Por Xenia Bergman

Gretta Sarfaty

Martins & Montero

Una de las constantes de la obra de Gretta Sarfaty es la aclamación de la imagen. Cíclica o gestual, ejerce su voluntad, cuando de súbito se revela. Es a través de ella que desde los setenta discursa sobre género. Con la serie Almost Reflexions of a Woman [Casi reflejos de una mujer, 1997], nueve pinturas inéditas en Brasil, y lanzada por la galería Martins & Montero, gracias a la colaboración de Central, coloca nuevos puntos sobre las íes en el poder imaginativo de lo femenino. Al escoger como hilo conductor del ensayo pictórico el controversial reflejo de unos cuerpos desnudos, fácilmente nos persuade. La curadora Lui Tanaka remarca que es el espejo, ese “ojo redondo, que alude a muchas pinturas”; cita los óleos holandeses, donde funciona como una abertura de lo “real”, mientras advierte la presencia del espectador. Desde luego, también hay algo de surrealista en la condición casi fotogénica de esos juegos perceptuales y los que otrora la consagraron. Cuando Breton define imagen, en su glosario concluye: “la más fuerte es aquella que presenta el más elevado grado de arbitrariedad, que requiere más tiempo para ser traducida en lenguaje poético [...] ya sea por estar curiosamente velado uno de sus términos” [1].

De hecho, velamiento y arbitrariedad son claves en las obras de Sarfaty. En el emblemático performance Evocative Recollections [Recuerdos evocadores, 1979], reclinada y vestida como Odalisca en una cama enmarcada por un baldaquín, un mosquitero la separa del mundo, y lo velado es literal. En Almost Reflexions [Casi reflejos], la persuasión sigue una gramática semejante. Contextualizada en los años noventa, donde el fin de los metarrelatos anunciaba una revisión de la historia del arte, no es extraño que en un relanzamiento con lo erótico beba de la imagen boudoir [2] que cristaliza en la fotografía de estudio de inicios del XX, irrigando su escena intimista con mucha elocuencia. Actuales aún hoy, relieves y decorados del gusto aristocrático, pero, además, la iluminación artificial y enrarecida de las memorias de viajes, el simulacro que a menudo imanta la percepción de un trompe l’oeil. Ambiguas entre anónimas y autorales, obras como Angles [Ángulos] y Virtual Reality [Realidad virtual] nos llevan a las arenas movedizas del subconsciente, cuando el ojo es provocado por las listas de alfombras, los cabezales y las poses ante el espejo, y por la fatal atracción de la mujer-narciso. Lo que está insinuado –el “casi” del título–, viene a completar la era de la duda, que representa.

El espejo, objeto casi mágico, al multiplicar los seres, acentúa ese magnetismo en el mirar. Como bien recuerda Pierre Mabille en Le miroir du merveilleux [El espejo de la maravilla, 1940], en la etimología de “espejo” [miroir] encontramos mirabilia, que designa un tipo de literatura fantástica, y también, “milagro” y “maravilla”. Esa secuencia no podría dejarnos menos sorprendidos, aún más, porque las telas han sido dispuestas en una de las salas principales de la recién inaugurada galería, y algunas, en salas más aisladas, creando expectativa al recorrerlas.

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Gretta Sarfaty, por Xenia Bergman | artnexus