La exposición “Eariki [yo soy]” de Chonon Bensho en la galería 80m2 Livia Benavides introduce un acercamiento distinto por parte de la artista shipibo-konibo, tanto en términos de los sentidos políticos de su obra como en lo que respecta a las claves estéticas que emplea. Desde el título mismo de la muestra, escrito a la par en idioma shipibo-konibo y castellano [Eariki significa “yo soy”], se hace patente la apuesta de la artista por la reivindicación cultural de su nación Shipibo-Konibo y, por extensión, de todos los pueblos originarios. Esta reivindicación ha tomado la forma de una batalla legal contra el Estado peruano, concretamente contra el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil del Perú [RENIEC], entidad contra la que la artista inició un proceso judicial en 2021. Su objetivo es poder cambiar su nombre oficial a Chonon Bensho, que es el nombre que le dieron sus abuelos al nacer y con el que se le conoce en el campo del arte, y que significa “golondrina de los campos medicinales”, y así poder dejar de lado el nombre castellano con el que aparece en los documentos oficiales del Estado [es común para el pueblo shipibo-konibo tener un nombre en su lengua, que consideran el nombre verdadero, y otro en castellano para cuestiones legales]. Cabe señalar que la demanda prosperó, llegando a la Segunda Sala de la Corte Judicial, pero por demoras burocráticas, actualmente no hay mayor avance en el caso.
La historia de este proceso de afirmación identitaria se materializa en una serie de obras en las que se contraponen referencias al sistema burocrático y occidentalizado y a los legados de los pueblos originarios. Así, por ejemplo, la artista toma sus documentos oficiales como el Documento Nacional de Identidad y el pasaporte, los amplía e imprime sobre tela, y borda sobre estos diseños kené, aquellos patrones de repetición geométricos que son emblemáticos de la identidad cultural shipibo-konibo. Ejemplo de ello es Eariki [Pasaporte verde] [2024]. La artista hace lo mismo con el contorno del mapa del Perú (como en Eariki [Perú verde], 2024), sugiriendo esa tensión entre el Estado peruano y una identidad cultural que se mantiene presente, si bien puede resultar visualmente más sutil.
Otras piezas de este tipo muestran una ilustración del siglo XIX de una pareja konibo en medio de la selva, en la que aparece además un mono (Eariki [Konibo verde], 2024), y una fotografía de medio cuerpo de la misma Chonon Bensho (Eariki [Chonon verde], 2024). Pero en estas obras no aparece referencia alguna al Estado peruano, por lo que operan más bien a modo de reivindicación plena, más que de pugna, como las anteriormente mencionadas.
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