Entre los meses de marzo y junio se realizó en el primer y tercer piso del Museo de Arte Moderno de Bogotá [MAMBO] la exposición “El pasado nunca muere, no es ni siquiera pasado”. Se trató de una exposición antológica que revisó un conjunto heterogéneo de proyectos artísticos realizados en los últimos quince años, que tenían en común la apropiación de imágenes, piezas artísticas y procedimientos formales para analizar de forma crítica y humorística las luchas, los síntomas, traumas y conflictos que persistentemente a través del tiempo han dado forma a la nación colombiana. Esa es la idea propuesta en el título de la exposición, que viene a ser una apropiación más, dado que es un aforismo de William Faulkner.
Al ingresar al museo, los espectadores se encontraban con dos instalaciones realizadas con las verdaderas piezas del monumento comisionado para conmemorar en 1892 los 400 años del “descubrimiento de América”, y que representaba a la reina Isabel la Católica y a Cristóbal Colón. La historia de este monumento ha sido tan accidentada como la historia de Colombia. Fue realizado por el escultor italiano Césare Sighinolfi y llegó al país en 1897, permaneciendo en una bodega hasta 1906, cuando finalmente se emplazó en la avenida Colón, en el centro de Bogotá. Sin embargo, pocas décadas después fue trasladado paulatinamente a cuatro distintos lugares de Bogotá, en los restantes años del siglo XX, incluyendo varios periodos de tiempo en bodegas. Durante las movilizaciones sociales que comenzaron en 2019, el monumento fue desmontado preventivamente, y sus piezas resguardadas en una bodega, desde donde se trasladaron al Museo de Arte Moderno de Bogotá. Las instalaciones de Castro Arias llevaron por título El güevo de Colón e Inocente embarazo, y proponían una inversión narrativa del monumento original que le imprimía humorísticamente los debates que generaron la avalancha de derribamientos de esculturas que representaban colonizadores genocidas.
Este montaje se relaciona directamente con un proyecto conformado por varias piezas de distintas escalas y materiales, que comenzó a desarrollar a partir del estallido social que comenzó en 2019 y terminó en 2021, que se denominó “Los padres ausentes”, del cual se exhibieron algunas piezas en el tercer piso del MAMBO, y que eran apropiaciones de imágenes y piezas escultóricas, que revisaban la iconografía del poder en Colombia tanto en el ámbito legal como ilegal. En las apropiaciones escultóricas sobre personajes asociados al colonialismo imperial y al exterminio de los pueblos indígenas, cubría parte de la superficie de las piezas, particularmente los rostros y sus zonas aledañas, con chaquiras plásticas de colores que recreaban símbolos indígenas. De ese modo, intervino la cabeza decapitada del conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada, fundador hispánico de Bogotá, y la mano de Cristóbal Colón, hechas a partir de moldes tomados directamente de los monumentos.
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