Bienal de Venecia 2024

Claire Fontaine. Foreigners Everywhere / Stranieri Ovunque (Extranjeros en todas partes), 2004-2024. Sesenta neones suspendidos en paredes o ventanas, tubo Tecnolux nº 44s de 8/10 mm, armazón, transformador electrónico y cables. Dimensiones y colores variables. Arsenale. Foto: ArtNexus.

Bienaldic 2024 - may 2025· Por Carlos Jiménez

Bienal de Venecia 2024

Extranjeros en todas partes

La Bienal de Venecia 2024 interrogó los flujos migratorios que han configurado y siguen configurando al mundo y concedió un lugar de privilegio a las obras de los pueblos y las etnias excluidas por la modernidad. La dirigió el curador brasileño Adriano Pedrosa.

La Bienal de Venecia 2024 pasará a la historia por ser la primera que, en sus 129 años, es dirigida por un curador de América Latina: Adriano Pedrosa, director del Museu de Arte de São Paulo (MASP). Y es probable que también lo haga por incluir un número excepcional de obras de artistas de los pueblos y las tribus originarios del sur global, e incluso de Occidente. Un acontecimiento que subrayan de manera contundente el colorido y vibrante mural de 700 metros cuadrados que cubre enteramente la fachada del Pabellón Central en los Giardini, pintado por MAHKU, un colectivo de artistas de los Huni Kuin, un pueblo de la Amazonia brasileña. Así como la instalación igualmente impactante que ocupa el acceso principal al Arsenal, obra del colectivo Mataaho, originario de Aotearoa, en Nueva Zelanda. Ambas obras, al igual que otras de semejantes orígenes expuestas en el Pabellón Central y en el Arsenal, dejaban muy claras las intenciones políticas de Pedrosa. Compartidas también por el equipo de curadores del pabellón de Brasil, que pusieron sus espacios a disposición del colectivo de artistas Tupinambá, así como por el resto de los curadores que hicieron lo propio en sus respectivos pabellones nacionales, exponiendo obras de artistas de pueblos y etnias excluidos y marginados por la modernidad en otras partes del mundo.

El interminable éxodo de la humanidad

El pabellón de Australia –premiado como el mejor pabellón de la bienal– es una admirable demostración de esta voluntad de hacer justicia. Está completamente ocupado por una instalación titulada kith and kin (familiares y amigos), del artista nativo australiano Archie Moore, que tiene los muros y los techos ocupados por una superficie pintada de negro en la que están escritos, a mano y con tiza, las relaciones de parentesco establecidas en el seno de los pueblos originarios de Australia a lo largo de más de 65.000 años. Este enorme árbol genealógico, en el cual el espectador queda virtualmente sumergido, testimonia la existencia de unos pueblos que hoy se cuentan entre los más antiguos ejemplos de una continuidad cultural viva, que figura, desgraciadamente, así mismo entre los más reprimidos y encarcelados del mundo. Las palabras Kamilaroi and Bigambul, entrelazadas con las ramas del árbol, responden al deseo del artista de recuperar la lengua aborigen, y los agujeros blancos en el árbol señalan invasiones coloniales, masacres, epidemias y desplazamientos que rompen los lazos familiares. En el centro de la instalación hay un estanque rodeado por montones de informes forenses, que funciona como un conmovedor monumento dedicado a las incontables muertes de nativos, ocurridas bajo la ocupación colonial. El artista ha agregado al montón archivos referidos a sus propios parientes, con el fin de mostrar que su historia personal es parte de la historia de su pueblo. Y para incitarnos a pensar que tanto él como la historia de su pueblo son parte inseparable de nuestra historia y de la historia de la humanidad.

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