La exposición de Sarah Grilo en la Galerie Lelong fue un gran retorno de su obra a la ciudad que le dio la bienvenida en 1962, cuando ella llegó a Nueva York con una beca del Guggenheim. En Estados Unidos su obra evolucionó de un arte poscubista figurativo inicial a la abstracción geométrica. Al mezclar elementos del expresionismo abstracto que combina lenguaje con símbolos y escritura, Grilo creó un estilo pictórico dinámico a comienzos de los sesenta que previó la integración de palabras y letras como parte de la abstracción.
Durante su larga permanencia en Nueva York, desde 1962 hasta 1970, cuando se fue desilusionada por la continua guerra de Estados Unidos en Vietnam y una ciudad que había cambiado drásticamente con la crisis económica de 1969, Grilo incorporó imágenes del paisaje urbano –avisos, vallas, afiches rasgados, titulares de periódicos y grafitis– a su obra. “Aquí encuentro todo lo que necesito para mi pintura”, escribió. “Constantemente suceden cosas que pueden incorporarse como abstracciones; todo lo que tienes que hacer es mirar por la ventana o caminar por la calle”. Tal vez también haya nutrido su interés en la forma en que el arte callejero se estaba convirtiendo en parte de la pintura contemporánea gracias a Mimmo Rotella, quien expuso parte de su obra en el Museum of Modern Art (MoMA) en 1961, y en 1962 hizo una presentación sobre sus obras en la the School of Visual Arts de Nueva York. Sin duda, ella también fue receptiva a la estética callejera y los performances de su colega argentino y amigo cercano Alberto Greco, en particular cuando el artista fue a Nueva York a principios de 1965 y presentó el performace Vivo-Dito Raffle en la Grand Station de Nueva York, en colaboración con Christo, Roy Lichtenstein, Daniel Spoerri, y otros.
Lo que hizo extraordinaria la exposición en la Galerie Lelong fue el rigor de la presentación de sus obras, que empezó con sus primeras producciones de la década de los cincuenta y recorrió hasta el final de su estadía en Nueva York. Una de sus abstracciones, Pintura, que me recordó las pinturas abstractas de Matta de su fase postsurrealista, era de 1953 y estaba colgada en la galería junto a un gabinete donde aparecía reproducida en una edición de la revista Life de ese año, en un artículo sobre arte latinoamericano, en el que la pintura de Grilo estaba en la misma página con obras de artistas latinoamericanos ya famosos como Rufino Tamayo y Héctor Poleo. Su obra estaba exhibida desde una perspectiva histórica, y el primer salón también presentaba ejemplos de su primer periodo, cuando estaba trabajando sobre la abstracción, con un fuerte énfasis en el color.
Sigue leyendo este artículo
Este artículo es exclusivo para suscriptores de artnexus. Suscríbete para acceder al contenido completo y a todo nuestro archivo desde 1976.
