Desde finales de noviembre del año pasado comenzó a exhibirse la muestra “TIC TAC” de Miler Lagos, en Espacio Continuo, en Bogotá. La primera pieza con la que se encontraban los espectadores llevaba el mismo nombre de la exposición y parecía ser una extraña cápsula que podría cerrarse herméticamente sobre sí misma y que estaba construida, tanto por dentro como por fuera, de páginas de periódicos locales. En su exterior, provenían del periódico El Espectador, y en su interior, de El Tiempo. Los nombres de esos dos periódicos son significativos a la hora de pensar su relación con el periodismo; el uno hablando de una situación externa a la experiencia subjetiva y el otro haciendo precisamente lo contrario. O al menos eso sugieren sus nombres. Sin embargo, a lo largo de su vida pública, estos periódicos han estado asociados a perspectivas de representación de la realidad tan disimiles que a veces parecieran referirse a realidades paralelas. Sin embargo, en esta pieza tienen una tarea común, dado que el artista los hace confluir en torno a perspectivas comunes del presente. En el interior, las imágenes de El Tiempo se ponen en relación con la presencia de plantas, instaladas como jardines, o como invernaderos, gracias a la presencia de la luz, que las hace mantenerse vivas en ese entorno cerrado. Las acompañaban sonidos provenientes de marimbas del Pacífico colombiano, que solo emergían si los espectadores decidían tocar las marimbas de chonta que acompañaban a las plantas (de otro modo, solo estarían presentes de manera conceptual, para quienes hayan oído ese sonido en otro momento de su vida). Es un sonido que parecería funcionar como una forma de resistencia a posibles escenarios de extinción. En Colombia han sido comunes las cápsulas del tiempo que proponen sobre todo los políticos como una manera de compenetrar los tiempos de forma tal que los rasgos de la vida de un momento se proyecten dentro de los rasgos de la vida de otro momento por venir. Sin embargo, muchas veces, abrir estas cápsulas es un momento de decepción, como ocurrió en el archivo de Bogotá en 2010, tras todo tipo de traspiés para ubicar las llaves de la urna del centenario de la independencia de Colombia, cuando el principal contenido que se extrajo eran documentos y objetos alusivos a los gobernantes de 1910 o sus intereses particulares, y no a la vida de las personas de la época.
“TIC TAC” se concibió al parecer como un tipo de cápsula del tiempo enteramente distinta, no solo porque apuntara a resguardar otras formas de memorabilia, sino porque además podía ser habitada transitoriamente por los espectadores, lo que les permitía incorporar sus propias memorias a lo que la cápsula resguardaba. Desde sus primeros proyectos, Miler Lagos exploró la instalación, que es una práctica artística que requiere la participación directa –tanto del cuerpo como de las experiencias culturales de su audiencia– para generar sentido. Sin embargo, en esta pieza, los espectadores deberían decidir si querían ingresar en su interior o no, y, por lo tanto, de eso dependería si lograban integrarse a su narrativa. Este tipo de dispositivos recuerdan la articulación que existió, en las décadas de los cincuenta y los sesenta, entre las prácticas de la instalación y del performance, porque el rol de los espectadores como “testigos de un cierto acto humano”, como diría Jerzy Grotowski, se transponía hacia una forma efímera de inmersión en diferentes experiencias en las que no tendría un nivel de control. “TIC TAC”, por su nombre y por su forma, alude a las pequeñas mentas que se vendían en recipientes en forma de paralelepípedo, que el artista asocia con los ovnis (objetos voladores no identificados) que ahora son llamados FANI (fenómenos atmosféricos no identificados). De cualquier modo, son formas imaginarias de lugares igualmente imaginados y habitados desde la fantasía.
La pieza que articulaba la primera y segunda planta de la galería, llamada Camino de la danta, era una balsa de madera, totalmente calcinada, situada entre el muro del fondo y el alto techo de la sala. En ella confluían un sinnúmero de terminaciones de fibra de vidrio llenas de luz, en donde parecían cruzarse varias referencias culturales que ponen en relación la pesca y la noche. Esos puntos de luz, como un cielo intensamente estrellado parecerían faros que orientaban la ruta de esa balsa.
Sigue leyendo este artículo
Este artículo es exclusivo para suscriptores de artnexus. Suscríbete para acceder al contenido completo y a todo nuestro archivo desde 1976.
