“Camina Habla Canta Baila” es el título de la exposición de Mateo López en la galería Travesía 4 de Madrid, a pesar de su aparente o real lirismo da nombre a su método. Porque sin ese caminar desprevenido por las calles de Nueva York o Bogotá, él no habría encontrado el cúmulo de objetos abandonados en las aceras o en los bordillos que atrajeron su atención hasta el punto que decidió recogerlos y llevarlos al estudio que tuvo primero en Brooklyn, entre 2014 y 2022. Y a partir de esa fecha, en Bogotá. En ambos, los dejó en estanterías que se fueron llenando de estos, sin obedecer a ningún orden distinto al dictado por el azar. Y allí permanecieron mudos, como objetos que habían perdido su nombre, junto con su utilidad. Hasta que un día cualquiera, sin que quepa explicación racional alguna, llamaron de nuevo su atención y apelaron directamente a su imaginación.
Para entonces, ya no estaban solos: habían entrado en un juego de afinidades y contrapuntos con sus vecinos de estantería, con los que en principio no tenían nada que ver. Así, generaron la matriz de un lenguaje in nuce, siempre a la espera de un interlocutor con quien entablar un diálogo para poder exhibir sus extraordinarias posibilidades comunicativas. Mateo López ha sido ese interlocutor, el oyente que –distanciándose de las etapas de su trayectoria en las que el juego con las formas geométricas elementales dominaba su arte– dio la oportunidad a los objetos hijos del abandono y el azar la posibilidad de hablar. Y de cantar y bailar.
Porque eso es lo que hacían los objetos en esta fascinante exposición. En la que un caballo se convierte en un cinturón de cuero, un búho estrictamente geométrico se trepa a una rama dorada, una bombilla se recubre de una piel rugosa y oscura semejante a la de un aguacate maduro, una pipa se convierte en una matera y los cuatro se juntan en la misma estantería con la mano articulada de maniquí pedagógico, un ilegible libro perforado, un par de vasos de agua en los que flotan sobre pintura o bicarbonato lo que pueden ser unas briznas de hierba, para componer en su conjunto un coro.
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