Exposición Individualjun 2024 - nov 2024· Por Marta Rodríguez

Mariana Varela

Museo de Arte del Tolima – MAT

“Mi segunda piel”, la exposición de Mariana Varela exhibida en el Museo de Arte del Tolima, reunió un conjunto de obras seleccionadas por la artista, realizadas en distintos momentos de su producción artística, que aluden al cuerpo femenino y al paisaje. Temáticas que fueron dispuestas en las seis salas del museo con un montaje impecable. Cada sala, de acuerdo a su intencionalidad, recibió un título, y, acorde a esta, variaba ligeramente la tonalidad gris de los muros.

 Las obras relativas al cuerpo femenino, tema que ha sido reiterativo en la obra de Mariana Varela desde sus inicios, se agruparon en la sala titulada "Ver el mundo macro en lo micro", en la que dibujos de la década del setenta alternaban con otros recientes. Fieles a su nombre, estas obras denotan interés por un dibujo minucioso, hiperrealista, que como un zoom se concentra en detalles alusivos a la piel y a prendas de vestir. Acercamiento que solo permite ver fragmentos del cuerpo femenino que revelan la suavidad y turgencia de la piel e insinúan detalles anatómicos, así como se detiene en texturas y aditamentos de prendas interiores femeninas. Obras de un realismo fotográfico sorprendente y provistas de una poderosa fuerza erótica.

La sala titulada "Punto de cruz" ofrecía otra manera de nombrar el cuerpo femenino, y, más allá del cuerpo, “lo femenino”. Unas piezas bordadas sobre tela traían fragmentos de obras de la historia del arte en los que se pueden ver ojos de mujeres que lloran. El medio utilizado, el bordado, trae consigo el tiempo de la tejedora mítica: Penélope, la mujer que mientras espera teje y desteje. El rítmico entrar de la aguja y el hilo genera una especie de ritual que sumerge a quien lo ejecuta en una temporalidad de calma, propicia para la reflexión y la creación. De esta manera, tanto la iconografía como el medio se conjugan para dar cuenta de lo femenino. Estas piezas bordadas compartían la sala con delicadas pinturas de rosas y lirios, que, sin representar el cuerpo, lo nombran de una manera velada y sugerente. Esta sala sumergía al espectador en una atmósfera particular que evoca el cuerpo de la mujer, la piel que lo recubre, y la rosa, con sus tonalidades y formas intrincadas, va más allá y nos adentra en la sexualidad femenina.

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Mariana Varela, por Marta Rodríguez | artnexus