Exposición Individualjun 2024 - nov 2024· Por Dennys Matos

Juan Francisco Elso

Museum of Contemporary Art North Miami – MOCA

Debió ser alrededor de 1985 cuando conocí la obra de Juan Francisco Elso Padilla, a través de Luis Gómez, por entonces alumno de Elso. Esta obra ejerció una gran influencia en los trabajos tempranos de Luis Gómez, del mismo modo que también influenció a otros tantos artistas cubanos emergidos en los años 1980. Las curadoras de esta exposición, Olga Viso y Susanna V. Temkin, articularon una muestra donde, además de las obras de Elso Padilla, se contemplan obras de artistas cubanos como, por ejemplo, Tania Bruguera, María Magdalena Campos-Pons, Carlos Esteves, KCHO, Los Carpinteros y Belkis Ayón. Y a estos artistas cubanos se sumaron las obras de otros artistas no cubanos como Renée Stout, Tiona Nekkia McClodden, Michael Richards, Jimmie Durham y Alison Saar, entre otros. Muchas de las setenta obras de Elso Padilla reunidas en esta muestra, “Juan Francisco Elso. Por América”, fueron producidas por el artista entre finales de la década de 1970 y 1988, cuando fallece, justo un año antes de la caída del Muro de Berlín, en 1989.

En aquellos años, Cuba vivía cierta abundancia bajo los estipendios económicos de la URSS y el llamado Campo Socialista, por medio del CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica). A cambio, políticamente la isla se había convertido en satélite de la órbita soviética, consolidándose el régimen totalitario al estilo estalinista. Así que, en el contexto de la Guerra Fría, y como miembros del Movimiento de Países No Alineados (ni Pacto de Varsovia, de la URSS, ni OTAN, de EUA), seguíamos exportando paquetes de ideología revolucionaria hacia todo el tercer mundo. América Latina no fue la excepción, como tampoco lo fue África, donde, incluso, apoyamos y sostuvimos militarmente con ejércitos a los regímenes de Somalia, Etiopía y Angola. Socialmente, el éxodo del Mariel en 1980 descubrió que no había, como pretendía hacer ver la dictadura, un apoyo sin fisuras políticas, sociales e ideológicas a las promesas de una revolución “por todos y para el bien de todos”, que ya entonces había caído en franca deriva totalitaria. Su legitimidad se asentaba en una especie de destino manifiesto de la salvaguarda de la identidad nacional socialista cubana y la autodeterminación frente al imperialismo estadounidense.

En la década de 1980 la política cultural de la revolución había asumido un carácter internacionalista proletario, cuyo lenguaje, en clave del tercer mundo, revindica los valores de autoctonía, la defensa de las culturas (populares) nacionales el antineocolonialismo y el antimperialismo. La Primera Bienal de La Habana (1984) surge como proyección de estos enunciados políticos culturales, donde planea el programa de la asamblea Tricontinental, que, liderada por Cuba, revindica el apoyo a los “movimientos revolucionarios de África, Asia y América Latina”.

Sigue leyendo este artículo

Este artículo es exclusivo para suscriptores de artnexus. Suscríbete para acceder al contenido completo y a todo nuestro archivo desde 1976.

Juan Francisco Elso, por Dennys Matos | artnexus