Gamaliel Rodríguez se inició en el arte, siendo muy pequeño, en su natal Puerto Rico. No era muy bueno en los deportes, por lo que, inspirado por un primo que era buen dibujante, pasaba horas llenando cuadernos y hojas de papel con crayolas y colores. Rodríguez cursó séptimo grado en el Central High School, en Santurce, donde aprendió los fundamentos básicos del dibujo. Allí estuvo solo un año porque una maestra le dijo que no tenía futuro como artista. Recuerda que “me dijeron que no era bueno y me lo creí” (1). Terminó sus estudios secundarios en otra escuela, y aunque siguió dibujando optó por vincularse a la Army National Guard. Al finalizar el servicio militar le dieron una beca para cursar estudios universitarios, pero no sabía qué hacer con ella. Tendría 21 o 22 años cuando una novia encontró unas libretas de dibujo que había guardado y le sugirió que estudiara arte. Dudando aún de sus habilidades, decidió no aplicar a la Escuela de Artes Plásticas de San Juan, sino a la Universidad del Sagrado Corazón, en Puerto Rico, la cual ofrecía arte en el Departamento de Comunicación. Según él, al entrar a la universidad con 23 años, se “enamoró del arte” (2). Como no era una carrera técnica, sino más bien humanista, se dedicó a estudiar historia del arte de Puerto Rico, el Caribe, Centroamérica, y universal. También aprendió mucho de quien ha sido su gran maestro, el artista cubano Rigoberto Quintana (n. Cuba, 1965).
Al graduarse decidió recuperar el tiempo perdido y viajó al Reino Unido a cursar una maestría en el Kent Institute of Art and Design. Según recuerda, el programa “no tenía mucho que ver con la práctica, pero sí mucha teoría” (3). Leyó a Friedrich Nietzsche, Claude Lévi-Strauss, Roland Barthes y Paul-Michel Foucault, autores que le dieron una base sólida para desarrollar los elementos fundamentales de teoría de su trabajo. Aprovechó al máximo su estadía en Inglaterra. Recuerda que en el 2005 vio una exposición en la Saatchi Gallery sobre “The Triumph of Painting” (El triunfo de la pintura). En una época en la que se consideraba que la pintura “estaba muerta” y la norma era la teoría relacional. Dentro del marco de referencia de la teoría relacional, lo impactaron los trabajos y el uso de los espacios. Hubiese querido quedarse en Inglaterra, pero por razones económicas no pudo hacerlo, así que regresó a Puerto Rico.
Al principio trabajó en una tienda de pinturas para hogares y luego comenzó a trabajar como profesor en la Escuela de Artes Plásticas y Diseño de Puerto Rico. Finalmente se dio cuenta de que no podía enseñar y ser artista al mismo tiempo, por lo que dio un “brinco de fe” (4) y decidió dedicarse por completo al arte.
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