Con el muy académico título “El objeto y el pensamiento”, Felipe Arturo inauguró en Madrid una divertida muestra de esculturas ligeras, sencillas y animadas, artilugios movidos por motores que combinan la herencia del arte cinético con tradiciones artesanales, en el lenguaje de la cada vez más posicionada tendencia low tech del arte colombiano de hoy. La exposición era un homenaje formal a los telares, tejidos y narrativas de ciertos grupos humanos de los litorales del Pacífico y el Caribe ecuatorial, con obras que aluden “al viento al baile y al ritmo”, objetos artesanales adaptados a ventiladores, con títulos como Pentagrama I, Sextagrama S, Sextagrama Y, junto con una serie de sombreros titulados Panamá paintings (Pinturas de Panamá).
Un antecedente directo de su trabajo con fibras vegetales viene dado por su residencia en Casa Wabi, en la costa de Oaxaca, en 2017, donde trabajó con el artesano de la palma Don Cleto Reyes, quien le enseñó las técnicas de tejido con palma y lirio acuático aprendiendo el tejido de sombrero, y realizando posteriormente talleres con jóvenes de la comunidad encaminados a usar esos materiales para la fabricación de objetos y estructuras.
Posteriormente, Arturo aprendió sobre el manejo de la caña flecha en Tuchín, con mujeres del resguardo indígena Zenú, quienes realizan desde sombreros hasta termos de café con el trenzado manual de esta fibra. Posteriormente, más que producir objetos sólidos, por ejemplo, un canasto o una cesta, Arturo se dedicó a explorar un elemento muy sencillo, la cinta, estructura básica de este trenzado artesanal, para eventualmente colgarlas de ventiladores –sus ya mencionados pentagramas y hexagramas–, adquiriendo vida, movimiento y volumen al encenderse el electrodoméstico al que están sujetas.
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