El artista Bernardo Ortiz (Bogotá, Colombia, 1972) grabó en una lámina cuadrada de mármol negro: “El pánico de los animales pequeños”, título de la exposición que pudiera leerse plásticamente como una cita culta al profeta de la abstracción geométrica K. Malévich, quien desde que presentó su Cuadrado negro sobre fondo blanco (1915) inauguró una puerta dimensional, conceptual, un nuevo tablero de juego que ha evolucionado hasta convertirse en una suerte de black mirror.
Bernardo Ortiz nos presenta una lámina ultrapulida de granito negro, sobre la cual graba una urdimbre visual. Pudiéramos leerla como un tapiz de finos hilos blancos bordados sobre un fondo negro sedoso, imaginarnos una nueva piedra de Rosetta o incluso pensar en una pantalla negra de ordenador repleta de la nueva arquitectura que se construye con fórmulas y códigos binarios, solo que esta vez, Bernardo Ortiz graba con láser el desmembrado título de la muestra, cuyas letras reverberan por patrones ad infinitum en este nuevo epitafio.
En otra placa ultrapulida, Ortiz repite reiterativamente las palabras “chiquitos”, “minuciosos”, “minúsculos”, como si se tratara de trazos en tiza blanca sobre una pizarra negra. Como una lección que debe recordarse, como pauta para apreciar la muestra.
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