¿Adónde va el arte?

Ayrson Heráclito. Transmutação da carne (Transmutación de la carne), 2015. Detalle.

Monografíajun 2024 - nov 2024· Por Gerardo Mosquera

¿Adónde va el arte?

La pregunta surge porque se está produciendo una ampliación en el canon de lo que se ha etiquetado bajo el rubro “arte contemporáneo”, tan aceptado en el uso como difícil de definir con exactitud.

El título es inexacto, porque el arte siempre ha seguido direcciones distintas, además de que la palabra arte ha tenido significados diferentes a lo largo de su historia. Debería decir más bien, “¿adónde va el arte que se muestra en los circuitos hegemónicos y es allí legitimado y vendido?”, pero sería un título muy largo. La pregunta surge porque se está produciendo una ampliación en el canon de lo que se ha etiquetado bajo el rubro “arte contemporáneo”, tan aceptado en el uso como difícil de definir con exactitud. Este no refiere a todo el arte que se produce en la actualidad, sino a una nueva etapa en la historia del arte “general”, que sucede al arte moderno con la llegada del pop, el conceptualismo, el minimalismo y otras tendencias posmodernas que fueron asentando un canon internacional a partir de la década de 1960, el que continúa hasta hoy. Aunque este canon es más abierto e inclusivo que los cánones exclusivistas del arte moderno, una enorme cantidad del arte que se ha venido produciendo queda fuera de él, relegado a circuitos gueto por no corresponder con sus patrones y expectativas, por ser considerado “malo”, por prejuicios, o, simplemente, por no comprenderse, en una ignorancia de lo diferente.

La época del arte contemporáneo coincidió con los procesos de descolonización, de globalización, del postcomunismo, del Internet y del auge de las comunicaciones electrónicas. Nuevos actores culturales pasaron del ámbito local al internacional al calor de estas trascendentales mutaciones. Ha tenido lugar una extraordinaria profusión de exposiciones internacionales, bienales, ferias, galerías, museos, centros de arte, información en línea, publicaciones y otros eventos e instituciones en todo el mundo, que contribuyeron a romper con la circulación del arte segregada en el eje de poderosos centros de América del Norte y Europa occidental que había prevalecido. A pesar de la mayor democratización que esta descentralización ha traído, sus efectos son sólo parciales debido al poder de difusión y legitimación que los grandes centros hegemónicos continúan poseyendo, y al déficit de circuitos horizontales que confronten la verticalidad Norte-Sur para crear una red global en todo el sentido del término.

Esta internacionalización de los circuitos, el mercado y las instituciones destaca en el proscenio, pero ha venido aparejada de un fenómeno aún más significativo: la generalización de la práctica de eso que llamamos arte contemporáneo por todos lados, incluida una gran parte del mundo donde no hubo arte moderno. Ha sido una eclosión del Sur y del Este, antes segregados, que comienza hacia la última década del siglo pasado. La nueva profusión de artistas hace obras dentro del lenguaje general canónico del arte contemporáneo internacionalizado por la corriente hegemónica, pero sus diferencias de base con los paradigmas de esta corriente, unida a la diversidad que introdujeron en los circuitos, produjeron un corte epistemológico al participar activamente en la construcción del lenguaje hegemónico, quebrando su eurocentrismo. Este no es sólo apropiado críticamente, sino recreado desde la diferencia de una pluralidad de acentos, culturas, experiencias, imaginarios, intereses, sensibilidades, invenciones personales heterodoxas y otras “incorrecciones”. Un ejemplo claro es el neoconcretismo brasileño y, más allá, el enriquecimiento tan particular de la práctica de la instalación en Brasil. No se proponen cánones alternativos, sino una expansión situada del canon prevaleciente desde perspectivas múltiples. Un accionar así ya aparecía en pioneros modernos como Wifredo Lam, con su uso del modernismo para presentar una cosmovisión desde el Caribe, o en Jacobo Arden Quin, quien hizo shaped canvases quince años antes de Frank Stella. El canon del arte contemporáneo es a la vez aceptado como lingua franca global del arte y forzado a una transformación al límite. De este modo, una traducción total no resulta imprescindible, aunque queden zonas de opacidad. Es un compromiso entre la interpretación y el “derecho a la opacidad” preconizado por Édouard Glissant.

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