En “The Archived Body” (El cuerpo archivado), la primera exposición individual de Priscilla Monge en Nueva York, la artista presenta obras recientes acompañadas de una selección de piezas tempranas que permiten ver cómo, a lo largo de su trayectoria, ha existido una continuidad en su “exploración de lo indescriptible”. El título incluye dos conceptos que han sido fundamentales en su trabajo conceptual: el cuerpo y el archivo. El cuerpo como un organismo poseído, violentado u olvidado, y el archivo, no solo como contenedor de información, sino como una herramienta de control y reconocimiento. El nombre de la muestra ilustra además un uso medido de la palabra y el peso que esta tiene en su obra.

La exposición comienza con una fotografía icónica de la década de 1990, Trousers [Bloody Day Series (Pantalones serie del día sangriento), 1997], que representa un pantalón hecho con toallas sanitarias manchadas de sangre menstrual sobre un fondo rojo. Según Monge, “de 1994 a 1996, diseñé y confeccioné, junto con mi mamá, pantalones con toallas sanitarias en diferentes formas y modelos. Siempre fueron exhibidos como objetos, pero en 1997 hice un performance en el que caminaba por las calles de la ciudad de San José usando uno de estos pantalones que progresivamente absorbía mi propia sangre menstrual. Una prenda usada generalmente para proteger o para ocultar cambiaba completamente su función con sólo alterar el material. No servía más para ocultar ni proteger. Hablaba de lo que no se habla, de siglos de tabúes asociados con la menstruación, con mujeres sucias o impuras que se convertían ellas mismas en tabú. Estaba lidiando con la educación y con mis propias fronteras corporales"1.
Priscilla Monge comenzó a trabajar a principios de los noventa, cuando Centroamérica estaba recién saliendo de años de guerras y violencia. Esto afectó su trabajo de manera significativa. Siempre se sintió incómoda con la posición “neutral” de su natal Costa Rica frente a los conflictos que sucedieron en los países vecinos. Durante la pandemia retomó este tema y comenzó a investigar sobre los conflictos armados en la región: “Usé el internet para investigar. Encontré testimonios de sobrevivientes que testificaban ante las Comisiones de la Verdad, noticias de la época y una serie de imágenes terribles que el algoritmo sugería"2.
A partir de esa investigación realizó la serie Los malos paisajes (2021), una centena de Polaroids rayadas con grafito en las que las imágenes están totalmente cubiertas. Solo deja al descubierto textos pertenecientes a testimonios de sobrevivientes de las masacres que sirven de pie de foto. La artista se cuestiona, como lo hace Susan Sontag en su libro Ante el dolor de los demás, ¿Quién tiene derecho a ver estas imágenes de dolor? ¿Tal vez solo aquella persona que pueda hacer algo por aliviar lo que ve? Releer La cámara lúcida de Roland Barthes le recordó que las fotografías están irremediablemente relacionadas con la muerte, una muerte plana. Durante la pandemia perdió a tres de sus mascotas. Al enterrarlas en su jardín, este se convirtió también en un cementerio, lo que reafirmó lo complejo del paisaje y la capacidad de la naturaleza para esconder o cubrir.
La canción “Strange Fruit” (Fruta extraña), interpretada por Billie Holiday en 1939 y basada en un poema escrito por Lewis Allan (n. Abel Meeropol) que criticaba el linchamiento de un hombre afroamericano, la inspiró a realizar la serie en cerámica titulada Strange Fruit (Fruta extraña, 2023), obras que parecen hojas de cuaderno en las que escribe versos y realiza dibujos alusivos a la letra de la composición. Estos están expuestos en la galería en contraposición con otra obra temprana, Cállese y cante / Shut Up and Sing (1997-98), hecha con un casco de boxeo de cuero negro montado sobre metal y madera y una caja de música que se activa con una manivela colocada en el orificio que corresponde a la boca. La pieza, que hizo parte de la instalación presentada en la Sexta Bienal de La Habana (1997), hace referencia a la identidad oculta del boxeador, cuyo rostro está protegido por la máscara, y a la expresión “cantar”, utilizada en América Latina cuando alguien es interrogado por la policía que quiere una confesión. En ese contexto, el acto de cantar se convierte en un vehículo de violencia física y de abuso psicológico. Cabe anotar que la instalación fue concebida para ser expuesta en La Cabaña, lugar donde durante los primeros días de la Revolución cubana se cometieron enjuiciamientos y fusilamientos de partidarios del régimen derrocado y que luego fue convertida en una prisión. Tanto en La Habana como en la exposición en Nueva York, el espectador tuvo la oportunidad de accionar la caja de música y, al escuchar la melodía, oír metafóricamente la voz de un ser anónimo.
La violencia física y el abuso psicológico también están presentes en Pensum Series (Serie pénsum, 1999), una serie de diez pizarras escolares escritas con tiza blanca en las que aparecen repetidas frases como “No debo sangrar”, “No debo dormir”, “No debo esconderme en el clóset” y “No debo perder la cordura”. Pizarras o tableros son un elemento repetitivo en la obra de Monge, al igual que los pupitres escolares representados en los dibujos titulados School Desk Drawings (Dibujos de pupitres escolares, 2021-2022), los cuales pueden ser asociados con un sistema educativo autoritario y “con un lenguaje lineal que es muy diferente al del arte o al de los sueños que es más libre. En la obra, actividades como la amonestación dejan de ser un castigo escolar para simbolizar una penitencia que involucra a las mujeres o denunciar el abuso infantil, entre otros"3. Pizarras, escritorios y hojas de cuaderno se convierten en herramientas de denuncia al servir de soporte para textos como “No debo dejar que papá me toque” (Pizarra, 1999) o “Representar la muerte es un fracaso” (Representing Death Is a Failure, 2021-2022).
La muerte y las imágenes que la documentan también están latentes en The Archived Body (El cuerpo archivado, 2022-23), impresiones en papel de fotografía Polaroid que interviene con óleo en diferentes tonos de rojo. “Estas pinturas entran en otra dimensión de la violencia. Aquí hablo de cuerpos fracturados o heridos en la literatura"4. Palabras escritas a mano a modo de pie de foto hacen referencia no solo a los conflictos bélicos, sino también a las heridas en general, a la enfermedad en la literatura y los personajes femeninos que la habitan.
Los textos, en algunos casos crudamente descriptivos y en otros críticos e incluso sarcásticos, desempeñan un papel primordial en su obra, como puede apreciarse en dos piezas grabadas en mármol a modo de epitafios, tituladas Art Is Haunted (El arte está embrujado, 2022) y Poetic Justice (Justicia poética, 2022). Esta última plantea la posibilidad de una retribución merecida por tanto sufrimiento.
Ante una realidad violenta y desgarradora, Priscilla Monge propone la opción de sanación en el video titulado Superficies curativas/Healing Surfaces (2022). Si, según el psicoanálisis, hablar permite sanar, en la medida que la artista realiza una declaración pública a través del arte, esa sanación se extiende a otras personas. La narración de pequeñas historias en el video le permite ir más allá de su propia experiencia y expresar el dolor de los demás. Está en el espectador asumir una actitud de empatía o seguir siendo “neutral” o ajeno al dolor de los demás.
NOTAS
1. Priscilla Monge, entrevista con la autora, agosto de 2023.
2. Ibid.
3. Ibid.
4. Ibid.
FRANCINE BIRBRAGHER-ROZENCWAIG, PHD
