Exposición Individualdic 2023 - may 2024· Por Susana Benko

Lihie Talmor

Hacienda La Trinidad Parque Cultura - SPAZIO ZERO Galería

En mayo pasado se inauguró una importante exposición de Lihie Talmor en la Casa Hacienda La Trinidad Parque Cultural. Se hizo en un momento muy significativo para las artes gráficas, pues, en paralelo, se inauguró en la misma institución la XVII Bienal de Miniaturas Gráficas, en homenaje a Luisa Palacios, así como una exposición retrospectiva con las obras premiadas durante las dieciséis ediciones anteriores de dicha Bienal en la galería CAF en Altamira, otra zona de Caracas.

Exposición Individual: Lihie Talmor  — imagen 1
Lihie Talmor. Ladakh 2904, 2011. Fotografía digital. Impresión perdurable en inyección de tinta. 46.4 x 69.8 cm (18 17/64 x 27 31/64 pulgadas). Impresión: Laura Morales. Reproducción de obra para el catálogo: ©Ricardo Báez Duarte.

Exponer a Lihie Talmor cobró particular importancia en este contexto. En primer lugar, porque se trata de una de las artistas gráficas más relevantes tanto en el panorama venezolano como en el internacional. Asimismo, porque esta exposición en particular consistió en una muestra antológica de las series realizadas entre 2001 y 2023. La curaduría estuvo a cargo de Lorena González Inneco, y la museografía, del artista Manuel Eduardo González. Fue posible realizarla gracias a la alianza de esa institución con SPAZIO ZERO Galería.

Se expuso una nutrida selección de sus conocidas series: The Water Falls Outside of the War / El agua queda fuera de la disputa (2001); Password / Contraseña (2002); Near, Far / Separación, unión (2004); Lo inconcebible simplemente es (2013), Mikveh (2014); Valle / Emek, (2014); Selma / Harmony (Selma / Armonía 2015); Fotos prohibidas (2015); Serrefugio (Being-Refuge, 2015-2016); Everything Remembered Is Dear, Everything Remembered Is There (Todo lo que se recuerda es querido, todo lo que se recuerda está ahí, 2018), así como piezas de cerámica, videos y libros de grabados, entre los cuales estaban Nostos Algos (2015); y el más reciente, Ría (2022), con textos de su hija, Ruti Talmor. En resumen, una antología densa y personal de cierta complejidad que deriva tanto de sus continuos viajes por diversos países como de una profunda reflexión interior. Así lo señala Lorena González: “En el trabajo de Talmor las heridas de la imagen se superponen, son siempre una interpelación a la sombra, debatiendo en ese lugar donde las palabras se tambalean”. Y más adelante escribe: “la historia de un solo territorio se vuelve el paso de muchos otros mientras que el lugar de lo humano se intercala a través de nuevos sedimentos y capas de contenido”. Los paisajes y ámbitos fotografiados durante sus viajes denotan esas “fisuras” o “heridas” que son geográficamente reales, y, a la vez, emocionalmente intensos, al ser transfigurados posteriormente mediante el grabado. Y es que la densidad de sus atmósferas varía según la intensidad de luces o de sombras, pues la variación tonal constituye un elemento expresivo esencial en su obra gráfica.

Lihie Talmor trabaja con múltiples procedimientos gráficos: el fotograbado, la photogravure, la litografía, el aguafuerte, la aguatinta, punta seca, etc. Con estos re/construye sus imágenes, ya sea rescatando la memoria de los lugares, o bien, reformulando aspectos de su historia. Cuenta la artista en uno de los textos de sala que con la fotografía “captura la huella invisible del pasado”, y es por medio de la “invención del grabado sobre la fotografía” que logra hacerla visible. Este testimonio y proceder determinan el fundamento de su trabajo. Y es así como ella se permite retrabajar libremente determinados contextos. Un caso elocuente ocurrió con la serie Lo inconcebible simplemente es, realizada en 2013 a partir de una visita que efectuó al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, junto con un grupo de judíos israelíes, palestinos, musulmanes y palestinos cristianos. Para esta serie seleccionó algunas imágenes del registro “real” de la experiencia, pero en otras, el dolor pudo más y fue necesario tomar cierta distancia. Sin perder el eje conceptual de la serie, tomó prestadas fotografías realizadas por otras personas, así como otras de su autoría, y también algunas de documentos históricos diversos. Fue su manera de sobrellevar este encuentro con el horror. Todas estas imágenes fueron luego transfiguradas mediante las distintas técnicas de grabado. En síntesis, ella mantuvo el objetivo y el sentido original de la serie: llamar la atención sobre la amoralidad y la indiferencia ante lo terrible.

Con todo lo anteriormente dicho, podemos deducir otra constante en su obra: la importancia del lugar. Lihie Talmor, artista venezolana-israelí, es ante todo una artista viajera. Lo que vemos es el relato visual de sus recorridos físicos y emotivos, en el que la memoria resignifica estos lugares adquiriendo connotaciones diversas gracias a la magia del grabado como medio de creación y transformación.

Los tres subtítulos de la exposición completan la intención de la muestra: “Néfesh”, “Rúaj”, “Neshamah”. Lorena González explica que “[...] son tres instancias que en la cultura hebrea simbolizan los estados esenciales para el desarrollo de un ser humano. Néfesh refiere al soplo esencial de la existencia física, es lo instintivo, generador de la acción; Rúaj es el espíritu impulsor de las emociones y el formulador del orden que nos rodea; finalmente, Neshamah es el pensamiento, la intelectualidad, la base que vigoriza la creación. Del engranaje de estos elementos depende la totalidad del alma, así como la bondad de su curso y la conciencia de su destino en cada espacio y tiempo que le ha tocado vivir”. Son, en definitiva, los tres estados indispensables para la creación. “La imagen herida” es el resultado de ese continuo hacer, formar y crear que ha impulsado el trabajo de Lihie Talmor durante estos últimos veintidós años.

SUSANA BENKO