Exposición Individualdic 2023 - may 2024· Por Diana Cuéllar Ledesma

Jose Dávila

Travesía Cuatro

A lo largo de su trayectoria artística Jose Dávila ha desarrollado un lenguaje plástico singular que hace su obra fácilmente identificable a golpe de vista. A su formación como arquitecto responde la inquietud por el equilibrio, así como la sensibilidad hacia materiales y estructuras de construcción. Característico de su poética es también el empleo de elementos orgánicos como piedras volcánicas o pedazos de tronco.

Para su exposición “Balance frágil”, en la sede de la galería Travesía Cuatro, en Madrid, Dávila reunió sus ya tradicionales esculturas, en las que el equilibrio funciona como concepto y materialidad, con una serie de pinturas de abstracción geométrica. A menudo el artista recurre a los saberes de la óptica y la mecánica para ensamblar composiciones que parecen desafiar las leyes de la física. El alcance conceptual de estas operaciones involucra un dilatado campo reflexivo alrededor de nociones como ilusión, peso, forma o espacio.

Exposición Individual: Jose Dávila — imagen 1
Jose Dávila. Construcción frágil III, 2023. Metal, pintura epóxica, roca y alambre. 140 x 203 x 60 cm (55 1/8 x 79 59/64 x 23 5/8 pulgadas). Foto: Pablo Gómez-Ogando. Cortesía: Travesía Cuatro.

En algunas piezas la percepción fluctúa dependiendo del ángulo de visión. Según la ilusión óptica teorizada por el físico alemán Christian Poggendorff, al superponer un rectángulo sobre un conjunto de segmentos lineales inclinados, la continuación de estas líneas comienza a desdibujarse para la visión del espectador. Así, formas y materiales se conjugan de manera sugerente para crear ese balance frágil que bien sintetiza el título de la muestra.

En la “cima” de la obra Ilusión de Poggendorff reposa una esfera de cristal. La obra es una composición en la que vigas metálicas esmaltadas en rojo se sostienen una sobre otra en un débil y engañoso balance, apoyándose sobre objetos como un trozo de roca volcánica o cilindros industriales. En este tipo de obras Dávila juega en el intersticio entre la serenidad y la angustia; el momento metafísico en el que todo parece estar a punto de caer y sin embargo se mantiene.

Aunque puedan parecer divertimentos puramente esteticistas de un postminimalismo aséptico, tengo la impresión de que este tipo de ejercicios de alguna manera conectan y se alimentan socialmente a través de la relación de Dávila con su cultura local y, de manera específica, con el urbanismo de México. La arquitectura improvisada y amateur, el mantenimiento insuficiente de las infraestructuras y la condición sísmica del terreno hacen de las ciudades mexicanas un compendio de estructuras bajo permanente amenaza de derrumbe. Con precauciones y matices, la metáfora puede expandirse a un dilatado campo de situaciones propias de la precariedad latinoamericana, pero pulsa también alcances de otro orden.

En una entrevista con el periódico El País, Dávila refirió que el gran fracaso de la modernidad, desde su punto de vista, “es que no logra transportar el alma que se encontraba en el desconocimiento, al orden"1. Es en esta perspectiva en donde puede hallarse una de las claves para la lectura de su obra. Entiendo que lo que el artista denomina “el alma del desconocimiento” es en realidad el conocimiento no sistematizado del mundo atávico, la dimensión más inefable de lo natural que el progreso y el orden no supieron incorporar en los proyectos modernos.

El balance en la obra de Dávila es cuestión de fondo y de forma. No se constriñe al ámbito de la mecánica, sino que se abre hacia los territorios de la sensibilidad. En Construcción frágil III, juegos de fuerzas y tensiones invisibles hacen posible el sostén perfecto de dos cubos de metal gracias al contrapeso de dos piedras, en una compleja metáfora de las fuerzas telúricas como principio y sostén del orden industrial, la naturaleza como elemento sine qua non o condición de posibilidad para el artificio y, en última instancia, el orden de lo natural como la base del equilibrio universal.

Con motivo de su exposición “Pensar como una montaña”, curada por Amanda de la Garza en el Museo Amparo en 2020, Jose Dávila dio una charla en la que mencionó su gusto por una bella canción ranchera compuesta por Cuco Sánchez. Con el desgarro propio de aquel género musical, la lírica plantea una búsqueda de lo telúrico desde el desamor: “háblenme montes y valles, grítenme piedras del campo…”. La subjetividad busca en los elementos primigenios el consuelo a su congoja con enjundia y desespero. Es un gesto atávico, bello y potente, que Dávila ha sabido vehicular en sus esculturas sin caer en literalidades y alejándose de cualquier asomo de folklorismo.

Decía Mircea Eliade que la búsqueda de Constantin Brâncuși con la piedra era la misma que la de “un hombre de la prehistoria”. Dávila también busca y desentraña las cualidades de la piedra con fascinación, como el elemento cultural fundamental, desde los orígenes de las civilizaciones hasta la actualidad. Aunque su depurado lenguaje plástico parece más cercano a experiencias estéticas como el brutalismo o el Concretismo Brasileño, en este artista tapatío late también el culto primitivo a las rocas.

NOTA

1. 4 de abril, 2023. Jose Dávila, artista: “A la gente le gusta identificar cosas de manera fácil. Lo justo es ponérselo difícil”. Entrevistado por Tom C. Avendaño.

DIANA CUÉLLAR LEDESMA