Exposición Individualdic 2023 - may 2024· Por Carlos Jiménez

Jorge Macchi

Galería Elvira González

“Las Islas Vírgenes” es el título de la exposición de Jorge Macchi en la Galería Elvira González de Madrid, que cabría considerar un compendio de su obra. Es decir, una muestra bien representativa del conjunto heterogéneo de tendencias que la han caracterizado hasta ahora, que además sacó a la luz una clave no por soterrada menos decisiva de esta: la música. De hecho, el texto de sala estaba encabezado por estas palabras del propio Macchi con las que se lamenta de las limitaciones de la imagen que la música sobrepasa: “Creo que la música incorpora una dimensión que las artes visuales no tienen. La imagen tiene una facilidad mayor para ser traducida, en cambio la música es pura forma, no hay texto para traducir eso. La comunicación a través de la música es algo absolutamente directo”. Y para refrendar estas convicciones realizó una selección de piezas musicales que inspiraron y acompañaron la composición de las obras expuestas. Podría decirse que la propuso como una guía para hacerse con ellas.

Exposición Individual: Jorge Macchi  — imagen 1
Jorge Macchi. Debajo de la alfombra, 2023. Escultura. Madera y alfombra. 147 x 147 x 147 cm (57 7/8 x 57 7/8 x 57 7/8 pulgadas). Cortesía: Galería Elvira González.

Los nombres que figuran en esta selección son imprescindibles en cualquier listado de grandes nombres de la música de vanguardia del pasado siglo y del anterior: György Ligeti, Erik Satie, Olivier Messiaen, Claude Debussy, y su sola elección por el artista argentino prueba hasta qué punto es decidida su inclinación por la música de la vertiente que va del impresionismo al serialismo y aún más allá. La inclusión de Debussy me resulta sin embargo especialmente reveladora, porque su obra representa ciertamente un enlace entre la poesía y la música muy afín al que ha establecido el propio Macchi. Debussy no solo fue amigo y contertulio habitual de Stéphane Mallarmé, también fue un gran admirador de su poesía, que consideraba semejante o equiparable a su música. En una oportunidad declaró que él había minimizado “los ornamentos de la música con la misma economía del lenguaje que perseguía Mallarmé”.

Por lo que no sorprende que “minimización de ornamentos” y “economía del lenguaje” resulten términos apropiados para referirse a la extraordinaria austeridad formal de las obras incluidas en “Las Islas Vírgenes”. Ni que la conexión de Macchi con Mallarmé la delatara el hecho de que, vista en conjunto, la exposición funcionara como un poema visual en el cual el espacio en blanco tenía igual importancia que los términos de este. El espacio en blanco del muro de la galería cumplió el mismo papel que cumple la página en blanco en los poemas de Mallarmé. En ambos casos, no fue un mero soporte eclipsado por el protagonismo de lo que soporta, sino que era un indudable protagonista. El espacio en blanco o el intervalo dado tanto entre versos como entre obras resulta indispensable para otorgarle su plenitud tanto al verso como a la obra.

En el grabado Las Islas Vírgenes que da nombre a la muestra, el espacio en blanco adquiere las connotaciones de ausencia, de borradura, de desaparición. Representa un archipiélago en el que faltan completamente las islas, de ellas no quedan sino los nombres sus pueblos y ciudades y de los accidentes geográficos que las caracterizan. Algo semejante ocurría en la instalación El último continente, donde el rincón formado por el encuentro en ángulo recto de dos muros blancos, escoltado por los términos “océano Atlántico y océano Pacífico”, se convertía en el significante del continente americano. En la instalación Diario de palabras muertas la lógica es otra. Si el futurismo fue más lejos que Mallarmé, desarmó el verso y dejó las palabras flotar libremente en la página en blanco, Macchi en esta obra desintegra las palabras y se queda solo con las letras del alfabeto que componen cualquier palabra. Grabó cada una de ellas en una media luna de mármol, la colocó en un nicho blanco que convirtió en peldaño de una escalera que trepa por un muro. El resultado evocaba La escalera de Jacob de Arnold Schönberg porque cada letra, aislada en su nicho, se afirma en sí misma, como se afirman en sí mismos las notas y los compases en el célebre oratorio del maestro del dodecafonismo.

La exposición incluía también obras que obedecían a registros distintos al minimalista. Debajo de la alfombra era un gran cubo que se apoyaba en una de sus aristas en una de las salas de la galería, con todos sus costados cubiertos de alfombras. Y Máscaras de la tragedia era un repentino hallazgo poético. Dos réplicas blancas de gran tamaño de unos enchufes de pared comunes y corrientes se convertían en otras tantas máscaras del teatro clásico griego que expresaban el asombro y la tristeza. Scarface (Caracortada), doce retratos a color, entresacados de revistas y carteles, remitían a los orígenes de la carrera artística de Macchi, cuando la materia prima de sus obras solía ser esta clase de publicaciones.

CARLOS JIMÉNEZ

Jorge Macchi, por Carlos Jiménez | artnexus