El título de una exposición de arte, en líneas generales, reúne una carga de intenciones y una atmósfera negociada entre artista y curaduría, algo próximo a una convención, un tratado.
Para el tratado, se enfoca la búsqueda de un orden jurídico, y para la convención, el acuerdo previo.
Veamos entonces qué intenciones accionaron la presentación más reciente de las obras de Iole de Freitas en São Paulo, una nueva iniciativa del Instituto Tomie Ohtake.
Ciertamente se efectuó la búsqueda de un conjunto de investigaciones derivadas de la densa trayectoria de una creadora que, literalmente, atravesó espacios con obras que nunca cupieron en una categoría, en un campo, ni tampoco en una única manera del hacer artístico.
La muestra, titulada “Iole de Freitas: colapsada, em pé...” (Iole de Freitas, colapsada en pie…) consiguió construir un ambiente de gran impacto visual; estructurando en la ocupación de la extensa área central del edificio una instalación de escala monumental, también conectada a las otras dos salas expositivas, presentaba una tesis sobre “el libre movimiento”, expresión del propio curador, Paulo Miyada.

Observar la ocupación del hall central del edificio con las conocidas maniobras visuales creadas por Iole de Freitas, con sus estructuras de acero inoxidable y policarbonato cristal (jateado), y pintado, que invaden los lugares, interrumpiendo el flujo de la mirada para inventar un movimiento inusitado, de arriba hacia abajo, que convidaba al visitante a repensar su propio cuerpo.
La obra titulada Colapsada em pé (Colapsada en pie), de 6,30 x 9,40 x 16 m, instalación localizada en el área de circulación del primer piso, integrada al gran hall, concentraba las fuerzas de un gesto creador expandido en el espacio, que parecía contener todas las energías de una convivencia dialógica centrípeta y centrífuga.
Obra de dimensión monumental, exploraba la propia noción de escala ampliada al atravesar el primer piso y alcanzar la base del segundo piso del edificio, con una volumetría dominada por la aparente levedad de estructuras que, con el recurso vaciado de sus partes, se elevaba a una especie de trazo manual diseñado en acero inoxidable.
Cada conjunto metálico del trazado –que la artista proyecta en bloques y organiza en su taller para el montaje posterior– entre piezas de policarbonato tenía un movimiento orgánico que naturalmente desbordaba el área expositiva, como un cuerpo vivo.
Como sabemos, Iole de Freitas es una creadora que ha modelado su actuación en la escena contemporánea construyendo una firma particular en la historia del arte brasileño.
Desde sus experimentos en el campo de la escultura, en especial la producción de la última década de los ochenta, con piezas en plástico sobre tejido y latón, la artista ha intensificado su relación con la materialidad de cada lugar ocupado, con sus frentes de creación.
Para la muestra del Instituto Tomie Ohtake, la coherencia de un eje común entre la instalación y dos salas con obras tridimensionales y videos, representaba una posibilidad de ocupación espacial, pensada por la artista, para recordar nuestra conciencia corporal.
En la estrecha primera sala, a la derecha de la entrada del visitante en el espacio, la obra Escada (Escalera), del 2023, en acero inoxidable, palafitos en acero carbono y volúmenes en papel siliconado, dominando el espacio, con 4 x 2,86 x 19 m, dividía la atención con el videoperformance Dança (Danza), en el encuentro entre los cuerpos de la artista y del bailarín Bento Dias, a partir de Les Bourgeois de Calais (Los burgueses de Calais), de Rodin.
La proyección de la performance en dos planos opuestos, videos de 6’, traía al visitante a la lectura visual de la ocupación coreográfica creada por Iole de Freitas. Exponía el embate de los dos cuerpos en el contacto con la obra escultórica, en movimientos concentrados entre los peldaños de la escalera, entre sus aristas, entre los vanos, en el contacto directo con las paredes.
Merece destacarse el excelente recurso de autodescripción que acompañaba la obra Escada (Escalera).
Esa dimensión coreográfica conocida desde la formación de la artista, quien desde su juventud estudió e internalizó la danza moderna en su vida, ha estado varias veces incorporada en su trayectoria, en la experiencia corporal presente en su producción de artes visuales.
De vuelta al espacio de la gran instalación central, el visitante, rodeando la volumetría de la creación protagonista de la muestra, llegaba a otro espacio expositivo para conocer la obra Fragmentos, de 2022-23, junto con el núcleo de trabajos en papel siliconado, en diálogo con tres videos verticales y uno horizontal, distribuidos en el diseño de una sala circular.
Era instigador el movimiento presente en el corte y edición de los videos que reunían las dinámicas corporales de Iole de Freitas y Bento Dias, en contacto con las piezas que precedieron la disposición definitiva de la instalación en el gran hall de la institución.
También en la sala se consagraba la noción de ruina, en la obra Cilindros de Kassel (Cilindros de Kassel), de 2007-2023, que recuperaba literalmente bloques cilíndricos extraídos de las paredes del edificio Fridericianum, los mismos que soportaron los cables de acero de la pieza creada para la documenta 12.
De hecho, la instalación Colapsada, em pé (Colapsada, en pie), en todo el proyecto expositivo construido en el diálogo estético entre obras y videoperformances sintetizaba las investigaciones de la juiciosa producción de una creadora que atravesó décadas afirmando sus convicciones espaciales.
En su volumetría está asentada la perspectiva de una ascensión escalada escultórica-arquitectónica que interpreta muchas inquietudes de una comprensión procesual del espacio racional.
Iole de Freitas siempre supo cómo cumplir el destino de cada proyecto tridimensional, ya fuera con la opacidad de la luz o con el impacto de sus cruzamientos en las arquitecturas que ocupó en diferentes instituciones. Consolidando su inventiva en escala monumental, interesada en la corporeidad, reafirma la producción femenina en la escena contemporánea.
CLAUDIA FAZZOLARI
