Exposición Individualdic 2023 - may 2024· Por Luis Silva

Ilê Sartuzi

Pedro Cera

Empecemos la reseña de “Vaudeville” (Vodevil), la primera exposición individual de Ilê Sartuzi en Portugal y su debut en Lisboa y en la galería Pedro Cera –que pronto tendrá una sede en Madrid–, con el reconocimiento de la importancia que las cortinas han ganado a lo largo de los años en el arte contemporáneo. Las cortinas tienen la misteriosa capacidad de ser a la vez una herramienta y un recurso retórico: esconden y revelan, sientan las pautas y crean un ritmo, conjuran lo mágico del escenario y la vitalidad, y también, la de darles movimiento a imágenes de tiempos idos, cuando la luz proyectada era una maravilla tecnológica. Logran un espacio compartido, una sensación de visión y pertenencia comunitarias. Trazan un límite entre hecho y ficción, o tratan de hacerlo, si ese binario todavía tiene algún valor en la actualidad. Separan un espacio, permiten la privacidad y activan la imaginación. No en balde, los artistas han sido atraídos por las infinitas posibilidades que brinda un trozo de tela colgante, preferiblemente de terciopelo. No sorprende, entonces, que una exposición titulada “Vaudeville” (Vodevil) esté cargada de tantas iteraciones de la cortina de terciopelo como se pueda imaginar.

Exposición Individual: Ilê Sartuzi  — imagen 1
Ilê Sartuzi. Skeleton Dance (La danza del esqueleto), 2023. Resina impresa en 3D, cuerdas, madera, arduino, altavoz transductor, servomotores, telón. Dimensiones variables. Esqueleto 48.5 × 23 × 18 cm (19 3/32 x 9 1/16 x 7 3/32 pulgadas). Foto: Bruno Lopes. Cortesía: Pedro Cera, Lisboa y Madrid.

Pero hagamos un rápido intermedio en nuestro razonamiento y pensemos por un segundo en el vodevil, el género teatral de entretenimiento de variedades, no en la exposición que estamos reseñando: se desarrolló en la Francia del siglo XIX y originalmente fue una comedia sin intenciones morales o sicológicas, basada en una situación cómica, una composición dramática o poesía ligera, entremezclada con canciones o ballets. No estaba hecha para hacernos pensar. En cambio, brindaba la oportunidad de escapar de la vida diaria, de la dureza de la Europa de la era industrial. La idea era hacer reír. El humor era clave en el teatro de vodevil.

Aunque el objetivo de la exposición de Sartuzi no es hacernos reír, el humor también es una premisa fundamental. Al entrar en la exposición, el visitante encuentra una serie de piezas que se entienden mejor si se piensa que fueron concebidas como un conjunto de actos separados, sin relación entre ellos, agrupados en un programa común, como en cualquier buena presentación del antiguo vodevil. Por ejemplo, si uno mira un poco hacia la izquierda, se encuentra con Four Curtains (Cuatro cortinas, 2023), una escultura en la que cuatro pequeñas cortinas de terciopelo se abren y se cierran automáticamente, mostrando o escondiendo un pequeño espacio que ellas delimitan. Ese espacio está vacío, pero la ilusión de ver lo que hay dentro crea una tensión tangible, aunque en cierto modo irrelevante, que solo se resuelve con la desilusionante revelación de… nada, y la evidente pérdida de nuestro tiempo. Detrás de esta se encuentra Skeleton Dance (La danza del esqueleto, 2023), una escultura de un esqueleto que baila, impresa en tercera dimensión, que toma su nombre de la epónima animación de Disney de 1929. En la escultura de Sartuzi, la pista original sale de un parlante puesto en la estructura de madera automatizada que semeja una marioneta y que sostiene la figura. El ritmo entremezclado del sonido y el chirrido del motor y de las cuerdas que sostienen los huesos genera una especie de energía caótica dominada por la ansiedad, que llena el espacio de la exposición creando otro momento de tensión que es interrumpido con regularidad por algunos monólogos absurdos que solo podemos suponer que son las propias elucubraciones confusas del esqueleto.

El último acto de la muestra, el cierre del telón, si se quiere, es presentado por una pareja de piezas. Laughing Chair (La silla que ríe, 2023) es exactamente lo que su título sugiere. Una silla que ríe. Sartuzi convirtió una vieja silla de cine en un objeto de buen humor al capacitar a una IA (inteligencia artificial) para que produjera un sonido que pareciera una risa humana. El estatus de la silla dentro de la exposición es intencionalmente ambiguo, otro momento tenso: ¿nos sentamos y vemos Ghostbuster (Cazafantasmas, 2023), la película que se proyecta frente a ella? En la película, algo extrañamente interesante está sucediendo en la pantalla plana del televisor: una inquietante e hipnótica presencia danza ante nuestros ojos y frente a cortinas que nunca se abren. No hay un detrás de las cortinas, lo que vemos es lo que hay: una entidad espectral, un fantasma que intenta entretenernos. O la vieja silla de cine. Seguramente esta última, ya que sigue riéndose del acto de baile del fantasma. Después nos damos cuenta: solo somos espectadores de esta presentación de vodevil. El público es la exposición misma. Se ve a sí mismo mientras actúa en una especie de artilugio tautológico. No somos necesarios ni requeridos. No hay tensión, en realidad, no somos el público objetivo de este espectáculo. Este, al igual que el mundo en el futuro próximo, muy probablemente seguirá adelante sin nosotros.

LUÍS SILVA

Ilê Sartuzi, por Luis Silva | artnexus